sábado, 30 de noviembre de 2013

CAPITULO 10: ENTRENAMIENTO


El lunes por la tarde, después de comer, me dirijo a casa de Nicko y su familia para comenzar mi entrenamiento y poder dominar los poderes que me han sido otorgados aunque no los haya pedido. Nicko sale a mi encuentro, como siempre, a la verja de su casa hoy seguido de cerca por Diona. Paso al interior de la casa y me conducen a una habitación con pocos muebles: unas cuantas sillas, varias mesas con vasos llenos de agua encima y varios objetos sólidos como unos cuantos cubos de madera y otros de hierro puro y varios jarrones con flores. Sus otros hermanos y sus padres, debo decir que hasta Laika está presente, nos están esperando para empezar.
-Todos los aquí presentes poseemos algún poder – comienza Ondina que es la que nos va a instruir – Voy a enseñaros a controlarlo, aunque casi todos ya lo hacéis.
-Ondina controla el fuego, lo crea y lo apaga. Francisco es empático. Dionisia ve el futuro. Alastair puede meter en tu cabeza todo lo que quiera, sea verdad o mentira. Jordi puede hablar con animales y plantas y hacer que le entiendan. Jorgina mueve las partículas, cuando las para las congela y cuando las acelera explotan – me susurra Nicko contándome las habilidades de su familia, todas menos la suya – Por supuesto ya te conté el mío – añade.
-Lo más importante siempre es visualizar el resultado en tu mente – continúa Ondina. Y extiende la mano en la que, un segundo después, está ardiendo una pequeña llama.
-Mi turno – dice Jorge – Nicko lánzame un cubo de madera.
Con sus poderes, Nicko, mueve el cubo de madera que sale despedido por la habitación y Jorge, con un movimiento de manos, lo deja suspendiéndolo en el aire. Con otro movimiento de manos, contrario al anterior, lo hace estallar en mil pedazos que salen volando por la habitación en medio de una minúscula explosión. Menudo poder más ofensivo, espero que no lo utilice en contra mío.
-Inténtalo tú – me animan.
Me concentro todo lo que puedo e imagino en mi mente que el agua de uno de los vasos de la mesa se evapora. Sin embargo, a diferencia de mi mente, en la realidad no ocurre nada. Lo intento otra vez, sin cambios. Y otra más, nada. Lo vuelvo a intentar otras seis veces y desisto.
-No lo conseguiré nunca.
-Inténtalo otra vez, busca una motivación para que te salga. Dijiste que te sale cuando te enfadas, ¿no? Pues busca un recuerdo que te haga enfadar y concéntrate en tu objetivo.
Me concentro en las terribles palabras que me dijo Jorge en el parque de atracciones:
“No lo logrará a tiempo y se entristecerá tanto que congelará el agua de todas las atracciones acuáticas en las que, por supuesto, seguirá habiendo gente inocente que morirá y la acción se repetirá continuamente. Es una inútil” dijo. Y ahora, con la rabia corriendo en mis venas, me concentro en el vaso más próximo a mí. No pasa nada.
-Prueba otra vez. No te rindas.
Me vuelvo a concentrar, ahora intentando olvidar que siete vampiros controlan mis movimientos. Evaporo el agua del primer vaso y miro el siguiente. También sale volando el agua. Por fin puedo dominar una parte de mis poderes.
-¡Lo he conseguido! – grito eufórica.
-Claro que si. Prueba a congelar un par de vasos.
Escojo un momento muy trágico de mi vida: el temor y la tristeza que sentí cuando Nicko descubrió mi secreto hace unas semanas. Me concentro en él intensamente y fijo la mirada en uno de los vasos llenos. Casi al instante de mirarlo está totalmente sólido, dejando también un poco de la superficie de la mesa con hielo. Siento un poco de aturdimiento, eso me ha costado un poco. Pruebo con el siguiente vaso y vuelve a pasar lo mismo. Genial, ya lo domino casi todo aunque ahora tambaleándome un poco.
-Probemos con la humedad. Te pasa cuando estás nervosa o agitada así que prueba a pensar en algo de suma importancia, tienden a generar nerviosismo y una aceleración del ritmo cardíaco. Eso no lo tengas en cuentas con los vampiros, no nos late el corazón.
Pensar en algo de suma importancia. Por ejemplo el momento de la coca-cola en el parque de atracciones en el que casi me descubren como sirena en público, de no ser por Nicko ahora estaría en un estanque de algún laboratorio científico. La clave para la humedad es la urgencia, con las prisas te suben las pulsaciones… Lo intento y lleno la sala de la humedad generada por la urgencia de mi cabeza, aunque más que acelerar mi corazón va cada vez más despacio. Me caigo al suelo sintiendo que mis piernas no me van a sostener y me voy desplomando lentamente, cerrando los ojos y viendo el techo como la última de las imágenes antes de desfallecer.
Me despierto en un sofá, un sofá para tres personas. Abro y cierro los ojos hasta que consigo el enfoque adecuado. Me llevo la mano a la cabeza, como me duele. No me acuerdo de nada…
-¿Qué ha pasado? – pregunto confusa.
-Te has desmayado. Lo siento, te hemos hecho esforzarte demasiado aunque veíamos como ibas perdiendo la conciencia poco a poco.
Levanto las cejas, aún confusa, y miro a mí alrededor. La luz proveniente de la ventana me dice que es tarde y que debo irme pese a que mis deseos son opuestos. Me intento levantar pero una presión en mi pecho me impide hacerlo. 
Nicko está intentando decirme que me quede tumbada un poco más. Haciendo caso omiso a su petición me incorporo y rememoro los últimos acontecimientos en mi cabeza. Todo es tan confuso e irreal. ¡Yo dominando mis poderes! Pero aunque no me lo puedo creer ha ocurrido de verdad y, al parecer, necesito practicar mucho para no perder el conocimiento cuando domino mis poderes. Si me paro un momento a pensar me doy cuenta de que esta familia no tiene uno o dos poderes sino que cada uno tiene el suyo propio, único e inigualable y que todos pueden controlarlo menos yo.
-¿Quieres acompañarme o me voy yo sola?
-¿A dónde? – pregunta confuso.
-A casa, es decir, a mi casa. Puedo irme yo sola si no  quieres acompañarme. Sé cuidar de mi misma.
-Eso lo dudo. Te acompañare y me sentiré más tranquilo.
-Lo de hoy no ha sido nada, ya verás como mañana lo hago mejor.
-¿Mañana? No, descansa un poco. Ya has hecho suficientes esfuerzos por ahora.
-Si, mamá – le digo riéndome un poco de él.
Cuando llego a mi casa todo está como siempre, me despido y subo a mi habitación hasta la hora de la cena. Cuando ésta ha acabado caigo rendida sobre la cama, vestida y todo, sumergiéndome en otro de mis extraños sueños reveladores.
Fuego, lo primero que veo al abrir los ojos es fuego. Las llamas suben y bajan llenando la habitación de un calor y un ambiente sofocante. Lentamente las llamas avanzan hasta mi situación y empiezan a quemarme provocándome un gran dolor allí donde el fuego tica mi piel. Debo salir rápidamente de aquí antes de parecer un pollo asado en Navidad, quemándome viva. Empieza a sonar una orquesta de no sé donde que va al ritmo de las llamas. ¡Menudo momento para escuchar música clásica! Cuando intento salir de allí dentro un cuerpo se pone entre la puerta y yo, es Nicko. ¿Nicko? ¿Qué hace él aquí? ¿Por qué no me deja salir? Me agarra fuertemente con sus brazos para que, aunque lo intente, no me pueda soltar de su abrazo mortal. Todo es tan surrealista… Todo ocurre en un lugar no muy definido pero cerrado y con una orquesta de fondo.
-Déjame salir de aquí – le suplico en otro intento de librarme de él.
-No puedo, si te suelto morirás.
-Moriré si no salgo de aquí rápido.
-Lo siento pero no puedo dejarte marchar de mi lado.
La mañana del martes me despierto empapada de sudor y con los penetrantes rayos del sol en toda mi cara. Menuda noche he pasado, pensaba que viviría para contarlo. ¿Pero qué estoy diciendo? Si solo era un sueño. Un sueño no, era una pesadilla. Una horrible pesadilla que no quiero volver a tener.
Me visto y, como de costumbre, bajo a desayunar. En el desayuno mi madre me comunica algo que no me apetece mucho ahora.
-Te hemos apuntado a clases de violín como cuando vivíamos en Cullera hasta que nos mudamos aquí.
-¡No! ¿Por qué lo habéis hecho? Ya han empezado los cursos de violín y voy a entrar casi a mitad del trimestre.
-Tocas desde que tienes memoria, no me digas que no puedes ponerte al ritmo de un par de meses sin practicar. Además ya está hecho y no hay más que hablar.
-Está bien, mamá. ¿Qué días son? – le pregunto resignada.
-Los martes, los miércoles y los jueves de siete a nueve de la tarde.
-¿Dos horas seguidas? Solo iré si me apuntas también al club de arte.
-Tú ganas. Pero sabes que me gusta oírte tocar, hace mucho que no coges tu violín.
La discusión termina aquí y cojo mis cosas para irme al instituto. Miro hacia el cielo en cuanto salgo por la puerta y veo una pequeña bola de color apagado y lejano. No hace mucho sol pero si creo unas cuantas nubes condensando un poco de agua no creo que nadie vaya a molestarse. Así Nicko podrá salir de casa el día de su no sé cuantos cumpleaños y podremos disfrutarlo juntos.
-¿Pillaste la indirecta? – le digo en cuanto lo veo llegando al centro.
-Muy sutil al crear unas cuantas nubes. Gracias por dejarme salir hoy.
-De nada. Tengo que practicar para esta tarde.
-¿Esta tarde? – ya le dije que iría todas las tardes a practicar y teniendo memoria de vampiro no se acuerda, está peor que yo.
-Si, para el entrenamiento en tu casa.
-Te dije que descansaras hoy, eso podemos hacerlo en cualquier otro momento.
-No. Eso me recuerda que solo estaré hasta las siete menos cuarto, después tengo violín – me mira sorprendido – Mejor no preguntes.
-Vale, entonces entremos a clase.
-Se me olvidaba… ¡Feliz no sé cuantos cumpleaños!
-No te voy a decir mi edad – contesta adivinando mis intenciones.
Por la tarde en su casa todo va muy bien. He conseguido todos mis propósitos con mis poderes, claro que no me han hecho hacer tanto como ayer. Y a las siete menos cuarto me encamino hasta el polifuncional donde tienen lugar las clases de violín.
Al entrar por la puerta del aula Daniela está sentada frente un piano y Circe de pie con una flauta travesera. Saco el violín del estuche y me pongo de pie frente la partitura.
Empezamos a tocar una obra que no conocía hasta hace muy poco. Al cabo unos diez minutos reconozco la obra, es la misma que tocaba la orquesta en mi sueño al ritmo de las llamas. Si esto se ha hecho realidad significa que… que me voy a morir en un incendio a manos de Nicko. Eso ya si que no me lo creo tanto pero no sé que pensar ya que mis extraños sueños suelen ser luego verdad. De todas maneras sigo sin poder creerme que Nicko quiera matarme, no tiene motivos para hacerlo.
No dejo de pensar en eso durante toda la clase, distrayéndome y haciendo que falle en algunas notas dejando la melodía descompuesta y diferente a como tendría que sonar en realidad. Necesito consultarlo y contrastar ideas para convencerme a mí misma que estoy volviéndome loca y que es todo una pesadilla que ha creado mi cabeza para atormentarme todo cuanto le sea posible. Pero, si por lo contrario, están de acuerdo conmigo en mis sueños premonitorios deberé alejarme de Nicko todo cuanto me sea posible para que no pueda cumplirse, aunque desearía que hubiera otra manera.
Además se supone que la que ve el futuro es Dionisia, no yo. Pero como tampoco conozco a ninguna otra sirena no puedo decir si es algo que poseemos todas o es específico en cada una. Lo único que sé a ciencia cierta es que si se cumple voy a tener que controlar un poco mis sueños para que no pasen cosas raras.
De momento voy a casa y mañana, ya si eso, consulto con Nicko y su familia. Espero que ellos puedan darme alguna solución a mi pequeño problema, una que yo no consigo ver.
















CAPITULO 9: LA FIESTA


Después de toda la semana por fin llega el día que tanto anhelaba y temía, con la luz del amanecer. Veo como la luz del sol atraviesa mi ventana y me acaricia. Ya es hora de levantarme. Me desperezo y, con los zapatos puestos, bajo a la cocina para prepararme el desayuno. Me saco el desayuno al comedor y enciendo la radio. ¡Que agradable se siente uno así!
-Toby, ven aquí chico, ven aquí – le digo a mi perro cuando lo veo pasar por la puerta.
Él viene y se sube a una silla, como si fuera una persona dispuesta a desayunar conmigo. Le doy media tostada para que se la coma y se tumba en la silla esperando a que termine yo mi desayuno.
Cuando he dejado todo recogido, me siento en el sofá con el periódico y mi perro se pone encima de la mesa con su correa entre los dientes. Me mira esperanzado de que lo entienda. ¡Pero que listo que es! Quiere salir de paseo y me lo está pidiendo.
Me visto, le pongo la correa y salimos por la puerta. En el parque suelto a Toby para que corra a sus anchas. Lo miro mientras va al encuentro con otro perro de mayor tamaño que él y con un pañuelo verde alrededor del cuello. ¡No puede ser!
-¿Me estás siguiendo? – le digo a Nicko en broma cuando nos encontramos lo bastante cerca como para una conversación.
-Más quisieras – me contesta – Solo estoy sacando a Laika de paseo, y parece que tú tienes uno también aunque no deberías sacarlo tú de paseo con la pierna así.
-Eres muy pesado con lo de la pierna, ¿no te parece? Ya pasó y estoy bien.
-Solo me aseguraba – dice encogiéndose de hombros - ¿Te parece bien que adelante la fiesta a por la mañana, te quedas a comer y luego seguimos por la tarde?
-Vale, no me importa. ¿A qué hora me paso?
-No te pasas, te acompaño a casa te coges lo que necesites y nos vamos directamente.
Volvemos a ponerles la correa a nuestros perros y me acompaña hasta la puerta de mi casa. Cojo mis cosas, me cambio y me peino y salgo por la puerta donde Nicko me está esperando. Casi me vuelvo a caer en las escaleras de fuera pero Nicko me coge justo a tiempo e insiste en llevarme en brazos a su casa con el fin de llegar antes pero creo que lo hace para que yo no tenga que andar. Termino accediendo y me lleva en brazos.
-¿Qué voy a hacer contigo? – dice Nicko retóricamente.
-Meterme en papel de burbujas y esperar encerrada a no matarme.
Me baja al suelo justo delante de la puerta y la abre para mí.
-¿Qué pasa pezqueñina? – me dice Jordi cuando me ve.
-¿Pezqueñina? ¿No se te ha ocurrido un apodo mejor? – me quejo.
-Pues no sé, como eres un pez y eres pequeña: pez-queñina. ¿Lo pillas?
-Feliz cumpleaños, Jordi. Que cumplas muchos más. ¿Cuántas veces tengo que tirarte de las orejas?
-Ni se te ocurra decírselo. Te lo advierto Jordi – interviene Nicko.
-Aguafiestas – murmuro y Jordi se ríe.
Nicko me conduce a la cocina, donde está su padre. Me siento en una silla y me empiezan a examinar la pierna.
-¿Qué tal andas? – me pregunta su padre.
-Bien.
-No es cierto, no puede ni bajar un escalón sin caerse – interviene Nicko.
-Solo ha sido una vez – me intento defender.
-Han sido cuatro veces.
-La herida está curando bien, y muy rápido. Ya podéis iros – me dice Francisco guiñándome un ojo.
Salimos de la cocina en dirección a la piscina de su casa, de dónde viene Jordi encharcándolo todo de agua. Y justo tiene que sacudirse la cabeza cuando paso a su lado. Si es que ya sabía yo que la mala suerte siempre está a mi lado. Le doy mi mochila a Nicko y me siento en el suelo para no caerme. A los pocos segundos mido mucho más de lo que media antes. Claro, con una colar con la que mido dos metros y algo qué querías ser, ¿más pequeña?
-No te preocupes, yo te llevo a la piscina – me dice Nicko cogiéndome en brazos. Ahora se vuelve hacia Jordi – Un poco más de tacto, hermano.
-Lo siento – contesta éste alejándose de nosotros en dirección contraria.
Cuando paso por la puerta de la piscina en brazos de Nicko me quedo asombrada. No es una piscina normal, es como una piscina municipal con grandes ventanales para dejar pasar la luz. Dionisia está en una tumbona con un bikini de color negro que hace un contraste perfecto con su pálida piel y a conjunto con su oscuro cabello, a su lado están Jorge, Alastair, Ondina y las pareja de fantasmas de la casa. Nicko me deja con cuidado dentro del agua y él se mete también dentro tirándose de cabeza.
Cuando son las dos de la tarde salimos del agua y me pone en una tumbona con una toalla al lado.
-¿No puede usar sus poderes para evaporar el agua en vez de tener que secarse con una toalla? – dice Jorge algo molesta.
-No lo controla, Jorge. No seas así – dice Diona.
Me seco todo lo rápido que puedo y voy a la cocina para comer. Pero solo como yo, los demás se quedan en la piscina. Nicko, muy gentilmente, se queda conmigo en la cocina hasta que acabo de comer. Mientras mastico el primer plato sé que me estoy olvidando de algo, algo importante. Me lo pienso un momento y ya sé que es lo que tenía que hacer. Salgo corriendo de la cocina, tan rápido como me permite la herida, y cojo mi bolsa. Saco de ella un paquete envuelto en papel de regalo y voy de camino a la cocina otra vez. Justo en mitad del recorrido me resbalo con el agua del suelo y temiendo caerme sin hacerlo porque Nicko, que ha venido en mi busca por mi repentina carrera, me coge a tiempo.
-¿Pero qué…?
-¡Feliz cumpleaños! – le digo tendiéndole el regalo que tengo en mi mano.
Lo coge y empieza a desenvolverlo. Cuando lo ve me abraza fuerte, muy fuerte, tanto que casi no puedo respirar. Es una fotografía, una fotografía de nosotros dos en un marco casero. El marco representa un poco lo que soy yo, con el mar, y lo que es el, un ser atado a la noche. Se va con la foto a no sé donde y vuelve al cabo de tres segundos sin ella. Seguro que ha ido a dejarla en su habitación.
-Gracias. Es el mejor regalo que podías hacerme.
Por la tarde Nicko propone irnos de excursión a algún sitio y, como él celebra su cumpleaños es él el que elige donde nos vamos.
-¿Os apetece el parque de atracciones? En caso contrario os tendréis que aguantar porque es nuestro próximo destino.
Nos subimos al coche y llegamos allí en una media hora. Francisco pagó la entrada y cada uno se va con su acompañante a las atracciones en las que se quieren montar.
Nicko y yo nos ponemos en la fila para la montaña rusa, que está muy bien pero que, según él, va un poco despacio. Cuando nos encaminamos hacia la siguiente de una larga lista de atracciones pasamos por delante de la que se llama “Los troncos de agua” en la que yo nunca me podré montar. Fijándome un poco en la atracción veo que algo va mal y que el tronco en el que hay tres personas está parado en una bajada que es casi vertical y, las tres personas, hacen esfuerzos por mantenerse agarradas a las barandillas de seguridad en vez de caer en picado al sólido y duro suelo. Me detengo frente la atracción y la miro intentando hacer algo, algo pero no se me ocurre el qué.
-Sabes que no te puedes montar ahí – me dice al notar que miro la atracción fijamente.
-No es eso Nicko, mira el tronco. Está totalmente parado. Y mira el agua, no fluye.
-Tienes razón. Aunque no puedo usar mi poder para mover el tronco y salvar a toda esa gente, me descubrirían.
Se empieza a amontonar la gente alrededor de la atracción y llegan también los hermanos y los padres de Nicko preguntando qué ocurre. Señalo el tronco atascado y el agua. Mirando con más atención, veo que las tres personas se están resbalando. Hay que actuar rápido o de lo contrario morirán dejando sus inertes cuerpos espachurrados por la gran caída sobre la congelada superficie del agua. ¡Congelada, por eso no fluye, porque está congelada!
-El agua está congelada – les hago saber.
-Descongélala, Aithne.
-No puedo. Sabéis que no lo controlo.
-Pues enfádate, recuerda que nos dijiste que cuando te enfadas el agua de tu alrededor hierve.
Pero no consigo enfadarme por mucho que lo intento, solo consigo acelerar mi ritmo cardíaco multiplicándolo por diez sabiendo que la vida de tres personas inocentes están en juego, en mis manos.
-No lo logrará a tiempo y se entristecerá tanto que congelará el agua de todas las atracciones acuáticas en las que, por supuesto, seguirá habiendo gente inocente que morirá y la acción se repetirá continuamente. Es una inútil – murmura Jorge tranquilamente.
-¡No tienes derecho a criticarme! ¡Tú no sabes por lo que estoy pasando en estos momentos! ¡Prueba tú a ver si es tan fácil! – le echo en cara quedándome sin aliento.
-¡Lo has hecho! – me felicita Nicko.
-Lo he hecho. ¡Si, lo he hecho! – digo recuperando el aliento.
-Gracias por hacerla enfadar, Jorge – le agradece Francisco.
-No lo hacía para enfadarla, es lo que estaba pensando. También pensaba que después de eso tendríamos que marcharnos secuestrándola a ella y encerrándola para que no vuelvan a pasar más cosas de éstas.
-Te estás pasando un poquito, ¿no crees? – contesto enfadándome otra vez.
-Jorge para o podría hacer hervir el agua de la sangre de los humanos – interviene Francisco en nuestra pequeña pelea – Habría una investigación por un asesinato en masa en extrañas circunstancias en las que ningún humano poseería agua en los tejidos. Los principales sospechosos seríamos nosotros debido a que seríamos los únicos vivos en todo el parque de atracciones.
-Eso, tú dale objetivos que así vamos bien. Es lo último que nos faltaba.
-No pretendo hacer daño a nadie, me sale sin querer – y añado – Cuanto antes empiece el entrenamiento mejor.
-Creo que en eso estamos todos de acuerdo. Lo que me pregunto es cómo se ha congelado el agua teniendo en cuenta que estamos a diez grados de temperatura Celsius – dice Nicko mirándome y entrecerrando los ojos.
-A mí no me miréis, yo estaba muy feliz y tranquila.
Después nos separamos y volvemos a hacer cola en las atracciones en las que queremos montar, exceptuando las acuáticas por supuesto.
Cuando salimos del parque  hay un chico que está abriéndose una coca-cola con el terrible error de haberla agitado antes y un chorro sale disparado en todas direcciones. ¡No me lo puedo creer, otra vez pasa lo mismo! Nicko me coge en brazos y me lleva al coche todo lo rápido que puede ya que solo tengo diez segundos desde que me salpican. Me pone en el maletero y él en el asiento que hay en frente de mí.
-No podemos sacarte de casa, eres un peligro chica – dice Jordi cuando llega al coche y se sienta junto a Nicko - ¿Cómo lo consigues?
-¿Te crees que estoy cómoda así? – pregunto retóricamente.
Por la ventanilla veo un camino pedregoso y lleno de maleza y baches. Siguiéndolo, el coche da varios botes y me choco contra el suelo y el techo del vehículo, quejándome del dolor que esto me produce. Mis piernas vuelven a aparecer a los diez minutos y me levanto, paso por encima de los asientos y me siento entre Jordi y Nicko durante el resto del viaje.











CAPITULO 8: FELICIDADES NICKO


Dos días han pasado desde que volví a casa y hoy en el instituto Nicko no para de preguntarme cómo estoy. No es para tanto, solo un gran corte en la pierna derecha.
-Este sábado celebro mi cumpleaños y me gustaría invitarte a mi casa para celebrarlo con la familia – dice Nicko mientras volvemos a casa.
-No sé, el último fin de semana estuve encerrada en dos habitaciones y no pude moverme.
-No volveremos a hacerlo mientras sigas sin hacerte daño, pececillo – y se ríe un poco. Yo, por mi parte, le doy un codazo en las costillas aunque me dejará un moratón.
-Vale, ¿qué vamos a hacer?
-Ponte el bañador, es una fiesta en la piscina – y se vuelve a reír.
¿Es ciego o me estoy equivocando con su gemelo malvado? No lo entiendo, soy una sirena. No me puede tocar el agua y él va y me invita a una fiesta en la piscina de su casa con su familia vampírica alrededor.
-Pero es octubre y hace frío.
-No te preocupes por eso, será en la piscina climatizada – supongo que esto ya no me sorprende tanto porque ya he visto su casa – Ya verás, es enorme. Además eres un ser de agua fría, por si no te acuerdas.
-Pero…
-¿No te irás a rajar?
-No, pero… tengo la herida de la pierna y soy una sirena.
-Ya me he dado cuenta de esos detalles.
¿Pero a dónde quiere ir a parar? De todas maneras no pensaba meterme al agua. Sería una estupidez por mi parte. Aunque si lo pienso yo sé su secreto, el de toda su familia, y ellos ya saben el mío.
-A propósito… - me dice Nicko sacándome de mis pensamientos – Francisco quiere ver qué tal está la pierna y… hablar sobre tus poderes y tu inmortalidad.
-Mi inmortalidad – repito.
-Jorge tiene envidia se eso.
-Envidia. No sabe lo que es ser como yo. Es una tortura constante.
-Jorge no lo ve así. Tienes belleza, inmortalidad y, lo más importante, tu corazón late impulsando sangre. Además sales a la luz del sol.
-Supongo que ha desechado la torpeza y el no poder salir en público cuando el agua está presente.
-Hablando de tu inmortalidad…
-¿Qué pasa con ese tema? – una repentina curiosidad inunda mi rostro.
-¿Cuántos años tienes? – me pregunta.
-Quince. Bueno, casi dieciséis – contesto automáticamente.
-¿Quieres decir que una sirena nació hace casi dieciséis años en el planeta?
-Si, creo que si.
-Te queda descubrir cómo has nacido. Una sirena no aparece de la nada.
-Volviendo al tema que querías esquivar… ¿Cuántos años tienes tú? – esta vez no se libra de mi pregunta, va a tener que responderme.
-Demasiados para que puedas asimilarlos – me dice secamente.
-Te equivocas. Si puedo con una familia de vampiros que me cura una herida mientras soy una sirena y que cuando me dejan sola un par de horas me dejan al cuidado de dos fantasmas creo que podré con una cifra.
-Puede que tengas razón, pero no te lo voy a decir – y sigue sin dar su brazo a torcer con este tema.
-Solo una pista, por favor – le ruego.
-Vale – por fin – Dejaré que me hagas una única pregunta así que piénsatela bien.
Si, tengo que pensármela bien. Necesito un punto de partida. No puede ser una fecha muy cercana pero tampoco muy alejada. Um…
Ya está. Tengo una pregunta que me dará, más o menos, la desconocida cifra de su edad.
-¿Presenciaste el descubrimiento de América?
-Fui en una de las tres carabelas de Cris.
-¿Quién es Cris? – en cuanto formulo la pregunta me doy cuenta de la respuesta y me entra una gran curiosidad - ¿Conociste a Cristóbal Colón?
-Estaba muy equivocado con sus planes… - murmura Nicko tan bajo que casi no le oigo.
Así que él ha vivido en 1492. Tiene como poco quinientos veinte años. Es como un libro de historia viviente, tengo tantas preguntas… Noto como la curiosidad llena toda mi cabeza sin dejarme pensar en nada más.
-Cuéntame más cosas – le pido expectante.
-¿Como qué?
-Cuéntame si estuviste en la Revolución Francesa.
-No, no estuve en la Revolución Francesa. “Vivía” pero no la presencié con mis propios ojos.
-¿Con qué lo ibas a presenciar sino? ¿Con los ojos del vecino? – digo irónicamente mientras sonrío - ¿Dónde estabas entonces?
-Pues estaba… estaba en un lugar distinto – dijo evitando mi pregunta.
-Eso no contesta a mi pregunta, se un poco más preciso.
-Se podría decir que estaba descubriéndome a mí mismo.
-Vale, supongo que no voy a poder sacarte nada más… aún.
En lo que transcurren cinco minutos hemos cambiado de tema unas cinco veces. Podríamos decidirnos por uno y discutirlo. Y cuando empieza a contarme como vio morir a su familia mientras que el estaba congelado en el mundo me entristezco y el agua de las nubes se solidifica y pesa más haciendo caer pequeñas bolas de hielo.
-Lo siento – se disculpa. Pero no ha sido culpa suya sino mía.
-No te disculpes. No has hecho nada, soy yo la que no sabe controlar sus poderes.
-Pero yo te he hecho entristecer y por lo tanto es culpa mía – pero que cabezón que es. Esto es culpa mía y solo mía y el que diga lo contrario miente.
-Nunca aprenderé a dominarlo.
-Tienes todo el tiempo del mundo para practicar – me recuerda – Te puedo ayudar si quieres.
-¿De verdad me ayudarías? – no me lo creo. A él debió de costarle mucho pero lo ha conseguido y ahora usa sus poderes cuando quiere. Tiene mucha suerte.
-Claro, cuando quieras pásate por mi casa y te ayudo.
-Muchas gracias.
-No hay por qué darlas.
Nuestro camino a casa se separa aquí y se despide diciéndome que tenga cuidado que me cuide. Yo le contesto que vale con pocas ganas.
-Por cierto, ¿me puedo pasar a tu casa a estudiar contigo esta tarde?
-Pásate cuando no haya sol, te estaré esperando. Adiós.
-Hasta esta tarde.
Ahora si que cada uno sigue su camino. Cuando llego a casa mi madre me está esperando, como desde el accidente de la pierna, en el porche para ayudarme a subir las escaleras aunque le siempre le digo que es innecesario.         
No es hasta las seis cuando toca el timbre y yo tengo que bajar a abrir, casi me caigo rodando por las escaleras tres veces. Por fin, después de cinco minutos de espera para Nicko, llego a la puerta y la abro. Le digo que pase y me acompaña a mi habitación por las escaleras. Aún no contento de estar encima de mí todo el día, me levanta del suelo y me sube a la habitación sin dejarme pisar ni un solo escalón.
-No te creas que no he oído como te tropezabas continuamente.
-Esto es innecesario. Puedo andar yo sola – y otra vez entra en acción la frase estrella de la semana.
-No puedes bajar vas a poder subir.
-Eres muy sobre protector, ¿lo sabías?
-Eso me han dicho – dice mofándose de mí.
Mira cada rincón de mi habitación y nos sentamos en las sillas que hay frente a mi escritorio. Le pregunto que qué quiere estudiar y me contesta que le da igual, que era una excusa para estar conmigo. “Y controlarme” pienso. Mi madre nos sube algo para comer y beber pero acabo comiéndomelo todo yo porque el señor vampiro solo bebe sangre. Un poco de sacrificio no le hace ningún mal a nadie.
-¿Se va a quedar a cenar Aithne? – pregunta mi madre.
Miro a Nicko durante un minuto y le contesto que si. Al menos espero que ese asentimiento de cabeza que me ha hecho significara que se queda a cenar.
-¿Voy a acabar comiéndomelo todo yo? – le pregunto una vez que se ha ido mi madre.
-¿Qué esperabas? A mí no me gusta la comida humana, solo bebo sangre animal. Lo siento.
Pongo los ojos en blanco y continuamos con los deberes de literatura a la que he puesto la etiqueta de “aburrido” sobre la tapa del libro. Me gusta leer pero no me gusta la literatura, irónico ¿verdad?
Pronto llega la hora de la cena y nos sentamos en nuestros lugares correspondientes, poniendo al lado mío una silla para que se siente Nicko. Me comenta lo parecidas que somos yo y mi hermana pero que me prefiere a mí, que soy única y yo le contesto que delante de mis padres y mi hermana, que no saben mi secreto, no haga bromas con él.
Mi madre sirve la comida y empezamos todos, menos Nicko, a comer. A cada bocado que doy yo, él, me pone el equivalente del bocado en mi plato dejándolo a él con menos y a mí con más. Tardo un cuarto de hora en comerme el primer plato.
-Venga hija, que te crece.
-Si, si que me crece – contesto lanzando una mirada a Nicko y él encogiéndose de hombros.
-Hoy en honor a nuestro invitado tenemos un postre especial – anuncia mi madre después de haber terminado.
Todo menos eso. El postre especial no, me va a tocar doble ración y una ración sola ya es enorme. Mi madre saca un enorme pastel de chocolate y nata de tres plantas y yo lo miro con más horror que nunca en toda mi vida. Con una mirada que le dice lo que en mi mente no puede escuchar le transmito que como me dé su trozo de tarta lo mato y los vasos de agua de la mesa se evaporan al instante. Espero que lo haya comprendido.
-¿Cuánto quieres Aithne? – me pregunta mi madre.
-No mucho mamá, ponme el trozo más pequeño que puedas o reventaré.









CAPITULO 7: PROBLEMAS


Me llevan a la bañera y me meten en ella con cuidado. Menuda bañera, casi parece un pequeño cuarto de baño pero es mejor así para poder moverme. A los cinco minutos dentro de la bañera todos están al el cuarto de baño mirándome y mirando el agua. ¿Por qué? Para averiguarlo miro yo también. Por la parte alta de mi cola, el agua se está tiñendo de rojo y llenado la habitación de humedad que transporta ese olor a hierro y cal de la sangre pero con un toque dulce y otro a mar.
-Francisco ven, por favor – dice Nicko sin dejar de mirarme ni un segundo.
Francisco, que es el único que no había acudido llega en breve y mira a Nicko, éste señala con un movimiento de barbilla donde estoy yo y Francisco se pone a mi lado fuera de la bañera.
-¿Qué ha pasado? – pregunta.
-No lo sé. Puede que sea por las rocas – contesta Nicko por mí.
-¿Qué rocas? – vuelve a preguntar Francisco algo confuso.
-En el parque me cayó una gota de lluvia y me transformé en una sirena. Como vi que se acercaba gente Nicko me sacó de allí y me llevó a la ribera del río. Me lanzo a varios metros de la orilla, cayendo en el centro del río, y cuando intenté salir a la orilla nadando me rocé con unas rocas afiladas del suelo y que, al parecer, me han rasgado un poco – intento explicarme. 
-Sigues perdiendo sangre y como siga así se te va a infectar. Ayudadme a sacarla del agua para poder curarla – dice Francisco con la intención de ayudarme.
-No creo que sea muy buena idea – dice Nicko – cuando se seca vuelve a su forma humana y no sabemos como podría afectarle la herida si se transforma.
-Tienes razón, pero necesito desinfectar la herida antes de que se ponga peor de lo que ya está.
-Vas a tener que ponerla en la encimera de la cocina y uno de nosotros debe rociarla de agua para que no se seque o ponerle un cubo con agua en el extremo de la cola.
-Nicko, pásame mi móvil. Necesito llamar a mi madre y decirle que estoy en tu casa para que no se preocupe. ¿Cuándo le digo que vuelvo a casa?
-Dile que te quedas a dormir todo el fin de semana y que irás el domingo por la noche, después de cenar – me dice Diona ilusionada – Ya verás como nos divertimos.
-¿Divertirnos? – pregunto irónicamente – Tengo que quedarme como una sirena con alguien pendiente de mí todo el rato para que no me seque en la encimera de la cocina. ¿Cómo quieres que me divierta?
-Ya verás como si, será como una fiesta de pijamas. Ya lo estoy viendo…
Todos, que han escuchado los planes de Diona pegan un gran suspiro sabiendo de antemano lo que les espera esta noche. No puede ser tan terrible, ¿no? Quiero decir, una fiesta de pijamas entre sirena y vampiro no puede acabar tan mal… ¿o si?
-Jordi, sácala de la bañera. Pon cuidado de no tocar la herida demasiado – empieza a mandar Francisco – Dionisia, si quieres la fiesta de pijamas, pon cubos con agua y jarras llenas en todos los lugares de la casa a los que tengas pensado ir, pero que no sean mucho porque habrá que moverla. Nicko prepárale un sitio para que pueda dormir. Coge dos colchones para el largo.
Todos salen por la puerta menos Jordi y Francisco que, un poco entre los dos me sacan fuera y me dejan sobre la gran encimera de la cocina que, para mi sorpresa, es tan grande que cabe toda mi cola. Francisco desaparece por un segundo de mi lado y cuando vuelvo a verlo trae en su mano un gran maletín y unas bolsas. Me dice que son sus instrumentos de enfermería y que ha cogido también los de veterinaria.
En los pocos minutos que han pasado ya noto como empiezo a secarme y se lo hago saber a la persona más cercana a mí porque sé que si me transformo en humana no será tan fácil curarme. Como si lloviera me caen gotas por encima de la cola.
-Tened cuidado de que no entre agua en la herida – instruye Francisco.
Con mucho cuidado noto como empieza la “operación”. También noto una presión en una de mis manos, es Nicko cogiéndomela y dándome una sonrisa que pretende que me tranquilice un poco al notar que la humedad del aire comienza a hacerse más pesada.
-Uff. El aire está muy cargado aquí dentro, ¿no? – comenta Alastair – Me parece bien tener invitados pero quitar la calefacción y abrid las ventanas.
-No es la calefacción Alar, es ella – dice Nicko con indiferencia señalándome a mí. Claro, le dije de mis poderes.
-¿Ella? Me he perdido. Explícamelo por favor – continúan hablando mientras Francisco intenta sacarme algo que tengo clavado en la cola, entre los tejidos.
-Ay – digo ahora que por fin ha conseguido sacármelo. Todos me miran y Nicko me aprieta la mano más fuerte mientras me vuelven a rociar con agua fresca.
-Explícamelo – insiste otra vez.
-Ella controla el agua, aunque no domina sus poderes. Cuando se enfada la calienta, cuando se entristece la enfría y cuando está nerviosa o agitada aumenta la humedad.
-Fascinante. Nunca había visto algo así.
-No creo que nadie haya visto en su vida algo así – comenta Jorge interviniendo por primera vez. No me había dado cuenta de que estaba, es la primera señal de vida que da.
-Más tarde me gustaría hablar contigo – me informa Francisco.
Me ponen unas gasas y una venda que recorre todo el ancho de la parte de mi cola en la que está situada la herida. Me vuelven a dar agua y a mí me está entrando un hambre terrible. Como tengo mucha hambre y me entristece que no pueda comer en un rato el agua que me han puesto se congela en el instante que toca mis escamas.
-Esto va a ser un problema. ¿Qué te ocurre? – me preguntan.
-Nada – les contesto automáticamente pero por la cara que ponen no sé que me da que no lo van a dejar así.
-No nos digas que no te pasa nada cuando has congelado el agua – insiste Alastair mirándome a los ojos – No podemos ayudarte si no nos lo cuentas.
-Es que tengo hambre, eso es todo.
-Llévala al salón donde tengo todo preparado – le dice Diona a Jordi – Así vosotros tendréis la cocina libre para hacer algo. Si no se tranquiliza no podremos mojarla y se transformará. Que sea nutritivo, va a necesitar fuerzas esta noche.
En el salón, me pone en una cama casera en la que entro entera y dejan cerca de mí un recipiente con agua. En el salón entran Francisco, Ondina y Jorge para hacerme el seguimiento médico. Tanta vigilancia es innecesaria, no me voy a morir si me pierden de vista un segundo. A los diez minutos de tediosa espera en constante vigilancia aparece Nicko por la puerta con una bandeja llena de comida. Gracias a Dios.
-Toma, espero que te guste – me dice ofreciéndome la bandeja.
Después de comer me vuelven a mojar y me quedo dormida del agotamiento. Todo esto ha pasado en una mañana, mi vida ha cambiado completamente desde esta mañana cuando decidí irme a leer. Increíble. Y ahora tengo una casa de vampiros para cuidarme. Si se lo cuento a alguien seguro que no me cree.
Me despierto de repente y miro la hora del reloj de pared que hay en la habitación. Solo me he dormido un par de horas, la diferencia es que estoy sola en la habitación y hay un PEN y un ordenador al lado de la almohada. Me rocío con agua ya que nadie más puede hacerlo. Abro el ordenador y lo enciendo. Meto el PEN en la ranura y miro el archivo. Es un vídeo. Clico dos veces en el archivo y empieza.
-Aithne siento tener que dejarte sola pero volveremos en una hora más o menos. Además no te dejo sola por completo. Ayer preguntaste por Romana y Joan, pues ellos se van a encargar de cuidarte por mí. Por favor, no te asustes cuando los veas – dice Nicko seguido de una despedida de todos y una recomendación de echarme agua cada media hora como muy tarde de Francisco.
Tengo un ordenador y mi libro en la mochila para entretenerme hasta que vuelvan. ¡No! Tengo mi libro en la mochila, en la entrada de la casa y no puedo levantarme. No me queda más remedio que usar el ordenador, me pongo una de las películas que he encontrado en sus archivos y me vuelvo a echar agua.
-¿Ya te has despertado? – me dice alguien a los veinte minutos del comienzo de la película.
Me giro y le contesto que si. Esta debe de ser Romana porque es una chica y atravesando la pared de una habitación para entrar a ésta veo a un chico.
-No hagas eso o la vas a asustar – le riñe.
-¿Sois… fantasmas?
-Claro que si, pero no te preocupes no vamos a hacerte daño – y oigo murmurar al chico de que si me hacían daño Nicko los volvería a matar.
Se sientan al lado mío y empiezan a cuidarme otra vez. Que pesadez, puedo cuidarme yo sola.
-Continúa con lo que estabas haciendo. Nosotros solo somos los vigilantes.
Ya lo creo que si, sino no estarían aquí perdiendo el tiempo. Me resigno y continúo viendo la película.
-Mira Joan, el agua se está evaporando. Baja un poco la calefacción.
-Lo siento – les digo.
-¿Por qué?
-Nada, dejadlo.
El tiempo continúa corriendo y no pasa una hora hasta que Nicko llega, sino dos. Dos largas horas con dos personas que no conozco. Juro que lo mato como me vuelva a hacer algo así. Y, una vez en casa, frases como “Tranquilízate por favor” o “¿Qué te pasa?” no paran de entrar en mis oídos. Ya estoy  harta. Solo quiero un poco de tranquilidad y para cuando la consigo es muy entrada la noche. Los seguimientos no son tan seguidos, ahora es cada tres o cuatro horas en vez de a cada hora y ya no están todos a mí alrededor sino solo un par de ellos.  
-Duerme un rato, llevas despierta todo el día – me dicen Nicko y Francisco a las tres de la madrugada.
-No tengo  sueño, de verdad – insisto otra vez - ¿Vosotros no dormís?
-No, la que debe hacerlo eres tú – me dicen otra vez. Son más pesados que un elefante en brazos - No te enfades con nosotros por decirte que duermas un poco.
Y así toda la noche hasta que me llevan el desayuno a las cinco y media de la mañana. Después me empieza a picar la herida e intento alcanzarla para rascarme. No la alcanzo. Me tumbo sobre el colchón y dejo salir un pequeño grito de desesperación.
-¿Qué ocurre? – preguntan inseguros.
-Me pica la herida, me pica mucho.
-No te rasques – me dicen.
-¿Qué podemos hacer? – preguntan consultando las opciones y es Francisco el que da la explicación y la solución.
-Hay que examinarle la herida y cambiarle las vendas pero mucho me temo que se haya infectado – dice dirigiéndose a los demás – Llevadla a la encimera de la cocina y yo haré el resto.
En menos de un minuto ya está todo listo para intervenir. Me quitan las vendas y lavan la herida.
-Mira. Justo como me temía, se ha infectado – oigo que le dicen a Nicko – Trae el agua oxigenada y el alcohol del botiquín.
Cuando me los echan por la herida me escuece en montón pero intento no poner mala cara. Me ponen dos láminas de madera a los lados de la cola y la envuelven en vendas, así no podré moverla, ya verás como me molesta. Me vuelven a poner en el salón y empiezan a hablar entre ellos.
-Ahora más que nunca hay que mantenerla mojada. No podrá mover su cola, le he puesto dos maderas. Volveré a hacer un seguimiento cada hora – les informa Francisco. Más seguimientos no por favor. Ahora se dirige a mí – Deberías llamar a tu  madre y decirle que te quedarás un poco más, como muy pronto volverás el lunes por la noche.
-Ya me inventaré algo. ¿No iré mañana al instituto?
-No, puedes decirle a tus padres que tenías excursión y te has caído si te queda alguna marca en la pierna.
-Bien pensado. ¿Iréis vosotros?
-Irán los que quieran y yo no iré a trabajar – me explica su padre.
Por un fin de semana que tenía solo con mi madre va y me tiene que pasar esto. Todo el fin de semana encerrada en una casa de vampiros y herida. No puedo evitar sentirme un poco feliz cuando, el lunes por la tarde, Francisco me dice que ya ha pasado lo peor y, que si quiero, ya puedo volver a mi forma humana. Dejan de mojarme y me traen un par de gruesas toallas. Me quitan las vendas y las láminas de madera y empiezo a secarme. Cinco minutos después ya vuelvo a tener un par de piernas, una con una gran herida pero son piernas.
-Déjame verla – me la examina y le pone unas gasas y una venda – No la muevas mucho. Ya no está infectada. Prueba a ver si puedes andar un poco.
Me ayudan a ponerme en pie, doy un paso hacia delante yo sola y me caigo. Jordi se lleva la mano a la frente y agacha la cabeza moviéndola de un lado a otro.
-Practica un poco y luego te acompañará Nicko a tu casa.
Así que en un par de horas salgo de mi encierro y me dirijo a casa por primera vez en tres días.


CAPITULO 6: AL DESCUBIERTO


Como cada sábado, después de haber pintado, me dirijo a lo que me gusta llamar “Mi reducto de paz” que es cuando tengo el silencio que me gusta y puedo leer o pintar en paz. Me meto el móvil, el libro que me prestó Nicko y las llaves de casa junto con mi cámara de fotos. Ya estoy lista para irme a leer al parque. Cuando llego, tengo tanta suerte de que no hay nadie… aunque bien puede deberse a que son solo las nueve de la mañana y es un día de fiesta. Me saco el libro de la mochila y me siento en la hierba bajo el mismo árbol donde me encontré a Nicko la segunda vez que lo vi. Abro mi libro por la página correspondiente y me pongo a leer un tema que me fascina (vampiros), ya que se parecen un poco a mí pero a la vez son muy distintos.
-¡Eh! Hola Aithne.
Me sorprendo de que alguien me llame y cierro el libro, no sin antes haber puesto el marcapáginas en su lugar, dejándolo en el suelo sobre la mullida hierba. Levanto la cabeza y veo a Nicko venir corriendo seguido de su perra.
-Hola Nicko, ¿qué te trae por aquí?
-Pues le he echado una carrera a Laika y la he ganado con ventaja – dice Nicko señalando a su perra con el dedo pulgar de su mano derecha.
-Guau – ladra Laika intentando discrepar.
-Si, si. Ladra todo lo que quieras, he ganado yo – le dice Nicko a Laika mientras esta se tumba en la hierba junto a mí.
-No te preocupes, la próxima vez le ganarás – le digo esto a Laika como si pudiera hablar con los animales y esperar que ellos me entendieran. Debo de parecer loca en este momento.
Pero como se suele decir: cada momento bueno tiene uno malo siempre acompañándolo. En este caso, el momento malo, se produce cuando una gota de lluvia me cae en la mano. Justo como Nicko dijo que pasaría, está chispeando y no me he dado cuenta de que tenía que haberme ido hace un rato. Tengo unos diez segundos y los aprovecho para subirme a una gruesa rama baja del árbol para sujetarme y no caerme al suelo porque sé lo que va a ver o, mejor dicho, lo que no va a ver. No va a ver mis piernas, va a ver como desaparecen para dar lugar a una cola.  Me voy a transformar en una sirena y sin poder hacer nada para que él no lo vea. ¡Mi secreto descubierto! ¡Que horror! Seguro que va a entrar en estado de shock. Justo ahora que todo iba tan bien.
Apartando la mirada de Nicko miro por encima de mi hombro y, de reojo por encima de la rama del árbol, veo que una familia con sus padres, su hija mayor y un bebé en un carro vienen a jugar al parque. ¿Tiene que ser a este parque en concreto? ¿Y ahora con la lluvia? No me lo puedo creer. Me quiero morir, necesito salir de aquí rápidamente pero sé que por mí misma no voy a poder dar ni un paso. Necesito la ayuda de Nicko pero parece poco dispuesto a ayudarme. Se ha quedado quieto, como si estuviera petrificado. Ha entrado en estado de shock como yo me temía. Para sacarlo del trance, me balanceo un poco en la rama y le doy un coletazo. Y parece que funciona porque está empezando a volver en sí.
-¡AYÚDAME! – le ruego.
-¿Cómo?
-Sácame de aquí por favor, y rápido.
-¿A dónde te llevo?
-A cualquier lugar en el que este fuera de la vista de la gente. Rápido.
Nicko se lo piensa durante un minuto escaso. Se pone debajo de mí y me pide que me suelte. Voy soltando poco a poco mis brazos de la rama y me dejo caer. Él me coge en sus brazos y pone a Laika encima de mí. ¿Pero qué hace? ¿Para qué me pone a su perra encima? Pero no me da tiempo a preguntarle porque se echa a correr a una velocidad increíble, va más rápido que una bala. A una velocidad increíble veo pasar el paisaje ante mis ojos. Del pueblo pasa al campo en menos de diez segundos. ¿Cómo es esto posible? ¡Solo es un chico! ¿No?
Disminuye poco a poco la velocidad y se para en un camino en medio de la nada. Veo unas mesas de camping y ya sé donde estamos, estamos en un camino que lleva a la ribera del Ebro. Se lo piensa un momento y veo, reflejado en su rostro, que está pensando qué hacer conmigo o a dónde llevarme. Antes que canta un gallo vuelve a correr y se para a orillas del Ebro. Pone a Laika en el suelo y se mete un poco, hasta un palmo por encima de los tobillos, dentro del agua. Me lanza hacia el interior del río, donde está más profundo, y yo, como es normal, pego un grito y caigo al agua. Está fresca y ha amortiguado la caída debido a su profundidad. ¿Cómo es posible? Me vuelvo a preguntar. Me acerco nadando hasta la orilla tanto como puedo y él se da cuenta de mis intenciones de acercamiento y se mete hasta las rodillas, su perra no es tan valiente y se queda tumbada y al acecho, lo más cerca del agua como se atreve.
-Guárdame el secreto, por favor – le suplico con toda mi alma.
-Solo… - ala, encima con condiciones. No me queda más remedio que hacer lo que me pida - … si tú me guardas el mío.
-Y dime entonces, ¿qué terrible secreto escondes tú?
-¿Por qué das por hecho que es malo?
-No me cambies de tema – digo algo furiosa, y lo noto porque el agua que me rodea empieza a calentarse y hervir.
-Fascinante – murmura.
-¿Podemos continuar con la condición? – pregunto ya impaciente.
-Por supuesto – y aún se hace rogar un poco más. Voy a explotar – Solo te guardaré el secreto si tú no le dices a nadie que…
Por fin me va a decir la dichosa condición.
- … que yo y mi familia somos… - esto también implica a la familia, más problemas - …somos vampiros.
Eso si que no me lo esperaba. Ahora la que esta en estado de shock soy yo y se puede notar por el cambio de temperatura del agua, que ahora está demasiado fría para mí. Me muevo en busca de un agua adecuada a mi temperatura y lo asimilo.
-Supongo que en el fondo ya lo sabía – comento yo.
-¿Que lo sabías? ¿Desde cuando?
-Lo soñé la noche del jueves pasado y tuve otro sueño de esos cuando nos encontramos en la playa – le explico.
-¿Lo soñaste? – me pregunta asombrado.
-Culpable – a lo mejor eso es normal en una sirena, yo no lo sé porque no hay nadie que me haya instruido en esto – Entenderé que no quieras volver a verme nunca más, soy un bicho raro.
-Y tanto que lo eres, aunque el único monstruo aquí soy yo. Mírame bien, yo mato para vivir. Soy lo que mucha gente considera un parásito, un chupasangre. Tú, sin embargo, eres un ser mitológico hermoso de largos cabellos y con una voz hecha para cantar todo el día.
-Si, y con ella matar a cualquier hombre sin querer, arrastrándolo hasta el fondo y dejando que se ahogue. Esto no viene con un manual de instrucciones y es muy difícil controlarlo todo.
-Lo sé. Lo mío no es que esté escrito en un libro y con un plano y dibujos. He tenido que descubrirlo todo con mi experiencia y la de otros de mi especie.
-¿Lo tuyo se elige verdad? Pues lo mío no, naces con ello.
-Espera, tu hermana gemela también es una…
-No, lo sé porque ella se va a la playa y a la piscina y no le pasa nada como a mí. Es injusto – me quejo.
-La existencia no es justa.
-¿Me lo dices o me lo cuentas?
-Yo soy una sirena y tengo dominio sobre el agua. Se podría decir que ese es mi “poder”. Tú, que eres un vampiro, ¿tienes algún poder?
-Uno no, dos.
-¿Qué poderes tienes?
-Yo puedo mover cualquier cosa con mi mente, este viva o muerta. También escucho los pensamientos de la gente constantemente. Lo único que se me escapa es una cosa.
-¿El qué?
-Por mucho que lo intento no puedo moverte ni escuchar lo que piensas.
-Puede que sea porque soy una sirena, yo no sé como va esto.
-Puede.
-¿Eres el único de tu familia con un poder? – pregunto curiosa. Puede que haya más o que sean todos iguales, quiero saberlo.
-No, casi toda mi familia tiene algún poder. Pero esa no es la cuestión. Me gustaría saber más del tuyo.
-Ya te he dicho que no sé controlarlo. Lo único que te puedo decir es que cuando me enfado el agua de mí alrededor empieza a hervir y cuando me pongo triste o me dan una gran sorpresa el agua de mí alrededor se congela. Y cuando estoy nerviosa o agitada la humedad tiende a aumentar.
-Que interesante. ¿Cómo te vuelven a salir las piernas?
-Tu curiosidad no tiene límites – le digo y el enarca una ceja en modo de indiferencia y a la espera de una respuesta – Yo creo que es muy obvio. Cuando mojo mis piernas se transforman en una cola y la cola desaparece cuando ya no tiene agua.
-Vamos, cuando te secas.
-Si, más o menos – y después añado – Esa es la forma más simple de decirlo.
Intento salir del río por la orilla y llego hasta un punto en que la cola tiene que arrastrarse un poco por la roca del fondo para seguir avanzando y me hago daño, con lo que retrocedo hasta un lugar seguro. Nicko, que me ha visto, me pregunta qué me pasa.
-La roca del fondo está afilada y para pasar tengo que arrastrarme un poco y me he hecho daño. ¿Puedes cogerme y sacarme del agua? Tengo una toalla en mi mochila por si las moscas.
Busco con la mirada mi bolsa pero no la encuentro por ningún  lado de la orilla. Me juego lo que quiera a que está en el parque y él se da cuenta también.
-Espera cinco minutos y te traigo la bolsa – y dicho esto levanto los brazos para que me saque – Mejor quédate ahí hasta que vuelva, por si acaso. Laika cuidará de ti.
Acto seguido sale corriendo por el sendero y yo me quedo sola, dentro del agua. Mientras espero me sumerjo de nuevo en las profundidades del río cuando veo que, de los escasos rayos de luz que llegan de entre las nubes, algo brilla en el fondo del río, entre las rocas. Intento sacarlo pero yo sola no puedo, pesa mucho para mí. Luego le pido ayuda a Nicko. Saco la cabeza a la superficie y allí está él otra vez, con  mi bolsa goteando. No, ahora no podré irme a casa hasta dentro de un largo rato.
-Cuando he llegado estaba toda mojada pero solo se te ha mojado la toalla. El libro, el móvil y todo lo demás está a salvo.
-Nicko, he encontrado algo en el fondo del río pero no puedo sacarlo porque pesa mucho para mí. Ayúdame a sacarlo del fondo.
Se mete dentro, nada y le muestro donde está mi descubrimiento. Le ayudo tirando y sale de debajo de la compacta arena un baúl de roble oscuro. Lo saca a la orilla y sale fuera. Lo abre y saca unas cartas y algunos collares. Me pregunta si me quiero quedar un colgante en forma de hada.
Asiento con la cabeza y me acerco todo lo que puedo a la orilla, levanto los brazos y Nicko se acerca a mí, me coge y me saca en brazos del agua. Sale del río y me deja sentada sobre las rocas, saca su móvil del bolsillo de su pantalón.
-No creo que llegues muy lejos así. Te llevaré a mi casa, solo si te parece bien.
Asiento con la cabeza mientras levanta su móvil y marca un número de teléfono, poniéndoselo en la oreja. 
-Dionisia prepara una bañera para cuando llegue a casa en cinco minutos… Voy a llevar “mi pesca del día”… Unos dos metros y algo de grande… Vale, ahora nos vemos.
Escondemos en un agujero tapado con arbustos el baúl. Me coge en brazos y yo cojo mi mochila y a Laika. Sale despedido como una bala en dirección al pueblo y, en menos que canta un gallo, ya estamos frente a la verja de su casa. La salta y se adentra hacia el interior de la gran mansión no sin antes haber dejado a Laika ya en el suelo. Abren la puerta desde dentro y pasamos. Veo que de una de las habitaciones sale vapor de agua.
-No irás a meterme ahí, ¿verdad? – le digo señalando el vapor de agua – soy de agua fría, pero sin pasarse.
-No, claro que no – miente fatal.
-¡Eh, Nicko! ¿Qué animal tan enorme nos vamos a merendar primero? ¿El tuyo o el mío? – dice Jordi mientras se acerca.
-Comete el tuyo Jordi, el mío no se toca.
-¿Pero qué tenemos aquí? ¡Una sirena! ¡Y se parece a tu amiga de ayer! ¡Buena pesca!
-Esta es mi amiga de ayer. ¿Puedes llevarla tú a la bañera? A mí me pesa un poco y ya la he llevado mucho rato.
-Claro, hermano – y dicho esto me pasan de unos brazos a otros como si fuera un bebé aunque un poquito más grande de lo normal - ¿Con esto te cansas? – dice tirándome hacia arriba y volviéndome a coger.
-Con cuidado Jordi, que es una persona.