Como cada sábado,
después de haber pintado, me dirijo a lo que me gusta llamar “Mi reducto de
paz” que es cuando tengo el silencio que me gusta y puedo leer o pintar en paz.
Me meto el móvil, el libro que me prestó Nicko y las llaves de casa junto con
mi cámara de fotos. Ya estoy lista para irme a leer al parque. Cuando llego,
tengo tanta suerte de que no hay nadie… aunque bien puede deberse a que son
solo las nueve de la mañana y es un día de fiesta. Me saco el libro de la
mochila y me siento en la hierba bajo el mismo árbol donde me encontré a Nicko
la segunda vez que lo vi. Abro mi libro por la página correspondiente y me
pongo a leer un tema que me fascina (vampiros), ya que se parecen un poco a mí
pero a la vez son muy distintos.
-¡Eh! Hola Aithne.
Me sorprendo de que
alguien me llame y cierro el libro, no sin antes haber puesto el marcapáginas
en su lugar, dejándolo en el suelo sobre la mullida hierba. Levanto la cabeza y
veo a Nicko venir corriendo seguido de su perra.
-Hola Nicko, ¿qué te
trae por aquí?
-Pues le he echado una
carrera a Laika y la he ganado con ventaja – dice Nicko señalando a su perra
con el dedo pulgar de su mano derecha.
-Guau – ladra Laika
intentando discrepar.
-Si, si. Ladra todo lo
que quieras, he ganado yo – le dice Nicko a Laika mientras esta se tumba en la
hierba junto a mí.
-No te preocupes, la
próxima vez le ganarás – le digo esto a Laika como si pudiera hablar con los
animales y esperar que ellos me entendieran. Debo de parecer loca en este
momento.
Pero como se suele
decir: cada momento bueno tiene uno malo siempre acompañándolo. En este caso,
el momento malo, se produce cuando una gota de lluvia me cae en la mano. Justo
como Nicko dijo que pasaría, está chispeando y no me he dado cuenta de que
tenía que haberme ido hace un rato. Tengo unos diez segundos y los aprovecho
para subirme a una gruesa rama baja del árbol para sujetarme y no caerme al
suelo porque sé lo que va a ver o, mejor dicho, lo que no va a ver. No va a ver
mis piernas, va a ver como desaparecen para dar lugar a una cola. Me voy a transformar en una sirena y sin
poder hacer nada para que él no lo vea. ¡Mi secreto descubierto! ¡Que horror!
Seguro que va a entrar en estado de shock. Justo ahora que todo iba tan bien.
Apartando la mirada de
Nicko miro por encima de mi hombro y, de reojo por encima de la rama del árbol,
veo que una familia con sus padres, su hija mayor y un bebé en un carro vienen
a jugar al parque. ¿Tiene que ser a este parque en concreto? ¿Y ahora con la
lluvia? No me lo puedo creer. Me quiero morir, necesito salir de aquí
rápidamente pero sé que por mí misma no voy a poder dar ni un paso. Necesito la
ayuda de Nicko pero parece poco dispuesto a ayudarme. Se ha quedado quieto,
como si estuviera petrificado. Ha entrado en estado de shock como yo me temía.
Para sacarlo del trance, me balanceo un poco en la rama y le doy un coletazo. Y
parece que funciona porque está empezando a volver en sí.
-¡AYÚDAME! – le ruego.
-¿Cómo?
-Sácame de aquí por
favor, y rápido.
-¿A dónde te llevo?
-A cualquier lugar en el
que este fuera de la vista de la gente. Rápido.
Nicko se lo piensa
durante un minuto escaso. Se pone debajo de mí y me pide que me suelte. Voy
soltando poco a poco mis brazos de la rama y me dejo caer. Él me coge en sus
brazos y pone a Laika encima de mí. ¿Pero qué hace? ¿Para qué me pone a su
perra encima? Pero no me da tiempo a preguntarle porque se echa a correr a una
velocidad increíble, va más rápido que una bala. A una velocidad increíble veo
pasar el paisaje ante mis ojos. Del pueblo pasa al campo en menos de diez
segundos. ¿Cómo es esto posible? ¡Solo es un chico! ¿No?
Disminuye poco a poco la
velocidad y se para en un camino en medio de la nada. Veo unas mesas de camping
y ya sé donde estamos, estamos en un camino que lleva a la ribera del Ebro. Se
lo piensa un momento y veo, reflejado en su rostro, que está pensando qué hacer
conmigo o a dónde llevarme. Antes que canta un gallo vuelve a correr y se para
a orillas del Ebro. Pone a Laika en el suelo y se mete un poco, hasta un palmo por
encima de los tobillos, dentro del agua. Me lanza hacia el interior del río,
donde está más profundo, y yo, como es normal, pego un grito y caigo al agua.
Está fresca y ha amortiguado la caída debido a su profundidad. ¿Cómo es
posible? Me vuelvo a preguntar. Me acerco nadando hasta la orilla tanto como
puedo y él se da cuenta de mis intenciones de acercamiento y se mete hasta las
rodillas, su perra no es tan valiente y se queda tumbada y al acecho, lo más
cerca del agua como se atreve.
-Guárdame el secreto,
por favor – le suplico con toda mi alma.
-Solo… - ala, encima con
condiciones. No me queda más remedio que hacer lo que me pida - … si tú me
guardas el mío.
-Y dime entonces, ¿qué
terrible secreto escondes tú?
-¿Por qué das por hecho
que es malo?
-No me cambies de tema –
digo algo furiosa, y lo noto porque el agua que me rodea empieza a calentarse y
hervir.
-Fascinante – murmura.
-¿Podemos continuar con
la condición? – pregunto ya impaciente.
-Por supuesto – y aún se
hace rogar un poco más. Voy a explotar – Solo te guardaré el secreto si tú no
le dices a nadie que…
Por fin me va a decir la
dichosa condición.
- … que yo y mi familia
somos… - esto también implica a la familia, más problemas - …somos vampiros.
Eso si que no me lo
esperaba. Ahora la que esta en estado de shock soy yo y se puede notar por el
cambio de temperatura del agua, que ahora está demasiado fría para mí. Me muevo
en busca de un agua adecuada a mi temperatura y lo asimilo.
-Supongo que en el fondo
ya lo sabía – comento yo.
-¿Que lo sabías? ¿Desde
cuando?
-Lo soñé la noche del
jueves pasado y tuve otro sueño de esos cuando nos encontramos en la playa – le
explico.
-¿Lo soñaste? – me
pregunta asombrado.
-Culpable – a lo mejor
eso es normal en una sirena, yo no lo sé porque no hay nadie que me haya
instruido en esto – Entenderé que no quieras volver a verme nunca más, soy un
bicho raro.
-Y tanto que lo eres,
aunque el único monstruo aquí soy yo. Mírame bien, yo mato para vivir. Soy lo
que mucha gente considera un parásito, un chupasangre. Tú, sin embargo, eres un
ser mitológico hermoso de largos cabellos y con una voz hecha para cantar todo
el día.
-Si, y con ella matar a
cualquier hombre sin querer, arrastrándolo hasta el fondo y dejando que se
ahogue. Esto no viene con un manual de instrucciones y es muy difícil
controlarlo todo.
-Lo sé. Lo mío no es que
esté escrito en un libro y con un plano y dibujos. He tenido que descubrirlo
todo con mi experiencia y la de otros de mi especie.
-¿Lo tuyo se elige
verdad? Pues lo mío no, naces con ello.
-Espera, tu hermana
gemela también es una…
-No, lo sé porque ella
se va a la playa y a la piscina y no le pasa nada como a mí. Es injusto – me
quejo.
-La existencia no es
justa.
-¿Me lo dices o me lo
cuentas?
-Yo soy una sirena y
tengo dominio sobre el agua. Se podría decir que ese es mi “poder”. Tú, que
eres un vampiro, ¿tienes algún poder?
-Uno no, dos.
-¿Qué poderes tienes?
-Yo puedo mover
cualquier cosa con mi mente, este viva o muerta. También escucho los
pensamientos de la gente constantemente. Lo único que se me escapa es una cosa.
-¿El qué?
-Por mucho que lo
intento no puedo moverte ni escuchar lo que piensas.
-Puede que sea porque
soy una sirena, yo no sé como va esto.
-Puede.
-¿Eres el único de tu
familia con un poder? – pregunto curiosa. Puede que haya más o que sean todos
iguales, quiero saberlo.
-No, casi toda mi
familia tiene algún poder. Pero esa no es la cuestión. Me gustaría saber más
del tuyo.
-Ya te he dicho que no
sé controlarlo. Lo único que te puedo decir es que cuando me enfado el agua de
mí alrededor empieza a hervir y cuando me pongo triste o me dan una gran
sorpresa el agua de mí alrededor se congela. Y cuando estoy nerviosa o agitada
la humedad tiende a aumentar.
-Que interesante. ¿Cómo
te vuelven a salir las piernas?
-Tu curiosidad no tiene
límites – le digo y el enarca una ceja en modo de indiferencia y a la espera de
una respuesta – Yo creo que es muy obvio. Cuando mojo mis piernas se
transforman en una cola y la cola desaparece cuando ya no tiene agua.
-Vamos, cuando te secas.
-Si, más o menos – y
después añado – Esa es la forma más simple de decirlo.
Intento salir del río
por la orilla y llego hasta un punto en que la cola tiene que arrastrarse un
poco por la roca del fondo para seguir avanzando y me hago daño, con lo que
retrocedo hasta un lugar seguro. Nicko, que me ha visto, me pregunta qué me
pasa.
-La roca del fondo está
afilada y para pasar tengo que arrastrarme un poco y me he hecho daño. ¿Puedes
cogerme y sacarme del agua? Tengo una toalla en mi mochila por si las moscas.
Busco con la mirada mi
bolsa pero no la encuentro por ningún
lado de la orilla. Me juego lo que quiera a que está en el parque y él
se da cuenta también.
-Espera cinco minutos y
te traigo la bolsa – y dicho esto levanto los brazos para que me saque – Mejor
quédate ahí hasta que vuelva, por si acaso. Laika cuidará de ti.
Acto seguido sale
corriendo por el sendero y yo me quedo sola, dentro del agua. Mientras espero
me sumerjo de nuevo en las profundidades del río cuando veo que, de los escasos
rayos de luz que llegan de entre las nubes, algo brilla en el fondo del río,
entre las rocas. Intento sacarlo pero yo sola no puedo, pesa mucho para mí.
Luego le pido ayuda a Nicko. Saco la cabeza a la superficie y allí está él otra
vez, con mi bolsa goteando. No, ahora no
podré irme a casa hasta dentro de un largo rato.
-Cuando he llegado
estaba toda mojada pero solo se te ha mojado la toalla. El libro, el móvil y
todo lo demás está a salvo.
-Nicko, he encontrado
algo en el fondo del río pero no puedo sacarlo porque pesa mucho para mí.
Ayúdame a sacarlo del fondo.
Se mete dentro, nada y
le muestro donde está mi descubrimiento. Le ayudo tirando y sale de debajo de
la compacta arena un baúl de roble oscuro. Lo saca a la orilla y sale fuera. Lo
abre y saca unas cartas y algunos collares. Me pregunta si me quiero quedar un
colgante en forma de hada.
Asiento con la cabeza y
me acerco todo lo que puedo a la orilla, levanto los brazos y Nicko se acerca a
mí, me coge y me saca en brazos del agua. Sale del río y me deja sentada sobre
las rocas, saca su móvil del bolsillo de su pantalón.
-No creo que llegues muy
lejos así. Te llevaré a mi casa, solo si te parece bien.
Asiento con la cabeza
mientras levanta su móvil y marca un número de teléfono, poniéndoselo en la
oreja.
-Dionisia prepara una
bañera para cuando llegue a casa en cinco minutos… Voy a llevar “mi pesca del
día”… Unos dos metros y algo de grande… Vale, ahora nos vemos.
Escondemos en un agujero
tapado con arbustos el baúl. Me coge en brazos y yo cojo mi mochila y a Laika.
Sale despedido como una bala en dirección al pueblo y, en menos que canta un
gallo, ya estamos frente a la verja de su casa. La salta y se adentra hacia el
interior de la gran mansión no sin antes haber dejado a Laika ya en el suelo.
Abren la puerta desde dentro y pasamos. Veo que de una de las habitaciones sale
vapor de agua.
-No irás a meterme ahí,
¿verdad? – le digo señalando el vapor de agua – soy de agua fría, pero sin
pasarse.
-No, claro que no –
miente fatal.
-¡Eh, Nicko! ¿Qué animal
tan enorme nos vamos a merendar primero? ¿El tuyo o el mío? – dice Jordi
mientras se acerca.
-Comete el tuyo Jordi,
el mío no se toca.
-¿Pero qué tenemos aquí?
¡Una sirena! ¡Y se parece a tu amiga de ayer! ¡Buena pesca!
-Esta es mi amiga de
ayer. ¿Puedes llevarla tú a la bañera? A mí me pesa un poco y ya la he llevado
mucho rato.
-Claro, hermano – y
dicho esto me pasan de unos brazos a otros como si fuera un bebé aunque un
poquito más grande de lo normal - ¿Con esto te cansas? – dice tirándome hacia
arriba y volviéndome a coger.
-Con cuidado Jordi, que
es una persona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario