sábado, 30 de noviembre de 2013

CAPITULO 6: AL DESCUBIERTO


Como cada sábado, después de haber pintado, me dirijo a lo que me gusta llamar “Mi reducto de paz” que es cuando tengo el silencio que me gusta y puedo leer o pintar en paz. Me meto el móvil, el libro que me prestó Nicko y las llaves de casa junto con mi cámara de fotos. Ya estoy lista para irme a leer al parque. Cuando llego, tengo tanta suerte de que no hay nadie… aunque bien puede deberse a que son solo las nueve de la mañana y es un día de fiesta. Me saco el libro de la mochila y me siento en la hierba bajo el mismo árbol donde me encontré a Nicko la segunda vez que lo vi. Abro mi libro por la página correspondiente y me pongo a leer un tema que me fascina (vampiros), ya que se parecen un poco a mí pero a la vez son muy distintos.
-¡Eh! Hola Aithne.
Me sorprendo de que alguien me llame y cierro el libro, no sin antes haber puesto el marcapáginas en su lugar, dejándolo en el suelo sobre la mullida hierba. Levanto la cabeza y veo a Nicko venir corriendo seguido de su perra.
-Hola Nicko, ¿qué te trae por aquí?
-Pues le he echado una carrera a Laika y la he ganado con ventaja – dice Nicko señalando a su perra con el dedo pulgar de su mano derecha.
-Guau – ladra Laika intentando discrepar.
-Si, si. Ladra todo lo que quieras, he ganado yo – le dice Nicko a Laika mientras esta se tumba en la hierba junto a mí.
-No te preocupes, la próxima vez le ganarás – le digo esto a Laika como si pudiera hablar con los animales y esperar que ellos me entendieran. Debo de parecer loca en este momento.
Pero como se suele decir: cada momento bueno tiene uno malo siempre acompañándolo. En este caso, el momento malo, se produce cuando una gota de lluvia me cae en la mano. Justo como Nicko dijo que pasaría, está chispeando y no me he dado cuenta de que tenía que haberme ido hace un rato. Tengo unos diez segundos y los aprovecho para subirme a una gruesa rama baja del árbol para sujetarme y no caerme al suelo porque sé lo que va a ver o, mejor dicho, lo que no va a ver. No va a ver mis piernas, va a ver como desaparecen para dar lugar a una cola.  Me voy a transformar en una sirena y sin poder hacer nada para que él no lo vea. ¡Mi secreto descubierto! ¡Que horror! Seguro que va a entrar en estado de shock. Justo ahora que todo iba tan bien.
Apartando la mirada de Nicko miro por encima de mi hombro y, de reojo por encima de la rama del árbol, veo que una familia con sus padres, su hija mayor y un bebé en un carro vienen a jugar al parque. ¿Tiene que ser a este parque en concreto? ¿Y ahora con la lluvia? No me lo puedo creer. Me quiero morir, necesito salir de aquí rápidamente pero sé que por mí misma no voy a poder dar ni un paso. Necesito la ayuda de Nicko pero parece poco dispuesto a ayudarme. Se ha quedado quieto, como si estuviera petrificado. Ha entrado en estado de shock como yo me temía. Para sacarlo del trance, me balanceo un poco en la rama y le doy un coletazo. Y parece que funciona porque está empezando a volver en sí.
-¡AYÚDAME! – le ruego.
-¿Cómo?
-Sácame de aquí por favor, y rápido.
-¿A dónde te llevo?
-A cualquier lugar en el que este fuera de la vista de la gente. Rápido.
Nicko se lo piensa durante un minuto escaso. Se pone debajo de mí y me pide que me suelte. Voy soltando poco a poco mis brazos de la rama y me dejo caer. Él me coge en sus brazos y pone a Laika encima de mí. ¿Pero qué hace? ¿Para qué me pone a su perra encima? Pero no me da tiempo a preguntarle porque se echa a correr a una velocidad increíble, va más rápido que una bala. A una velocidad increíble veo pasar el paisaje ante mis ojos. Del pueblo pasa al campo en menos de diez segundos. ¿Cómo es esto posible? ¡Solo es un chico! ¿No?
Disminuye poco a poco la velocidad y se para en un camino en medio de la nada. Veo unas mesas de camping y ya sé donde estamos, estamos en un camino que lleva a la ribera del Ebro. Se lo piensa un momento y veo, reflejado en su rostro, que está pensando qué hacer conmigo o a dónde llevarme. Antes que canta un gallo vuelve a correr y se para a orillas del Ebro. Pone a Laika en el suelo y se mete un poco, hasta un palmo por encima de los tobillos, dentro del agua. Me lanza hacia el interior del río, donde está más profundo, y yo, como es normal, pego un grito y caigo al agua. Está fresca y ha amortiguado la caída debido a su profundidad. ¿Cómo es posible? Me vuelvo a preguntar. Me acerco nadando hasta la orilla tanto como puedo y él se da cuenta de mis intenciones de acercamiento y se mete hasta las rodillas, su perra no es tan valiente y se queda tumbada y al acecho, lo más cerca del agua como se atreve.
-Guárdame el secreto, por favor – le suplico con toda mi alma.
-Solo… - ala, encima con condiciones. No me queda más remedio que hacer lo que me pida - … si tú me guardas el mío.
-Y dime entonces, ¿qué terrible secreto escondes tú?
-¿Por qué das por hecho que es malo?
-No me cambies de tema – digo algo furiosa, y lo noto porque el agua que me rodea empieza a calentarse y hervir.
-Fascinante – murmura.
-¿Podemos continuar con la condición? – pregunto ya impaciente.
-Por supuesto – y aún se hace rogar un poco más. Voy a explotar – Solo te guardaré el secreto si tú no le dices a nadie que…
Por fin me va a decir la dichosa condición.
- … que yo y mi familia somos… - esto también implica a la familia, más problemas - …somos vampiros.
Eso si que no me lo esperaba. Ahora la que esta en estado de shock soy yo y se puede notar por el cambio de temperatura del agua, que ahora está demasiado fría para mí. Me muevo en busca de un agua adecuada a mi temperatura y lo asimilo.
-Supongo que en el fondo ya lo sabía – comento yo.
-¿Que lo sabías? ¿Desde cuando?
-Lo soñé la noche del jueves pasado y tuve otro sueño de esos cuando nos encontramos en la playa – le explico.
-¿Lo soñaste? – me pregunta asombrado.
-Culpable – a lo mejor eso es normal en una sirena, yo no lo sé porque no hay nadie que me haya instruido en esto – Entenderé que no quieras volver a verme nunca más, soy un bicho raro.
-Y tanto que lo eres, aunque el único monstruo aquí soy yo. Mírame bien, yo mato para vivir. Soy lo que mucha gente considera un parásito, un chupasangre. Tú, sin embargo, eres un ser mitológico hermoso de largos cabellos y con una voz hecha para cantar todo el día.
-Si, y con ella matar a cualquier hombre sin querer, arrastrándolo hasta el fondo y dejando que se ahogue. Esto no viene con un manual de instrucciones y es muy difícil controlarlo todo.
-Lo sé. Lo mío no es que esté escrito en un libro y con un plano y dibujos. He tenido que descubrirlo todo con mi experiencia y la de otros de mi especie.
-¿Lo tuyo se elige verdad? Pues lo mío no, naces con ello.
-Espera, tu hermana gemela también es una…
-No, lo sé porque ella se va a la playa y a la piscina y no le pasa nada como a mí. Es injusto – me quejo.
-La existencia no es justa.
-¿Me lo dices o me lo cuentas?
-Yo soy una sirena y tengo dominio sobre el agua. Se podría decir que ese es mi “poder”. Tú, que eres un vampiro, ¿tienes algún poder?
-Uno no, dos.
-¿Qué poderes tienes?
-Yo puedo mover cualquier cosa con mi mente, este viva o muerta. También escucho los pensamientos de la gente constantemente. Lo único que se me escapa es una cosa.
-¿El qué?
-Por mucho que lo intento no puedo moverte ni escuchar lo que piensas.
-Puede que sea porque soy una sirena, yo no sé como va esto.
-Puede.
-¿Eres el único de tu familia con un poder? – pregunto curiosa. Puede que haya más o que sean todos iguales, quiero saberlo.
-No, casi toda mi familia tiene algún poder. Pero esa no es la cuestión. Me gustaría saber más del tuyo.
-Ya te he dicho que no sé controlarlo. Lo único que te puedo decir es que cuando me enfado el agua de mí alrededor empieza a hervir y cuando me pongo triste o me dan una gran sorpresa el agua de mí alrededor se congela. Y cuando estoy nerviosa o agitada la humedad tiende a aumentar.
-Que interesante. ¿Cómo te vuelven a salir las piernas?
-Tu curiosidad no tiene límites – le digo y el enarca una ceja en modo de indiferencia y a la espera de una respuesta – Yo creo que es muy obvio. Cuando mojo mis piernas se transforman en una cola y la cola desaparece cuando ya no tiene agua.
-Vamos, cuando te secas.
-Si, más o menos – y después añado – Esa es la forma más simple de decirlo.
Intento salir del río por la orilla y llego hasta un punto en que la cola tiene que arrastrarse un poco por la roca del fondo para seguir avanzando y me hago daño, con lo que retrocedo hasta un lugar seguro. Nicko, que me ha visto, me pregunta qué me pasa.
-La roca del fondo está afilada y para pasar tengo que arrastrarme un poco y me he hecho daño. ¿Puedes cogerme y sacarme del agua? Tengo una toalla en mi mochila por si las moscas.
Busco con la mirada mi bolsa pero no la encuentro por ningún  lado de la orilla. Me juego lo que quiera a que está en el parque y él se da cuenta también.
-Espera cinco minutos y te traigo la bolsa – y dicho esto levanto los brazos para que me saque – Mejor quédate ahí hasta que vuelva, por si acaso. Laika cuidará de ti.
Acto seguido sale corriendo por el sendero y yo me quedo sola, dentro del agua. Mientras espero me sumerjo de nuevo en las profundidades del río cuando veo que, de los escasos rayos de luz que llegan de entre las nubes, algo brilla en el fondo del río, entre las rocas. Intento sacarlo pero yo sola no puedo, pesa mucho para mí. Luego le pido ayuda a Nicko. Saco la cabeza a la superficie y allí está él otra vez, con  mi bolsa goteando. No, ahora no podré irme a casa hasta dentro de un largo rato.
-Cuando he llegado estaba toda mojada pero solo se te ha mojado la toalla. El libro, el móvil y todo lo demás está a salvo.
-Nicko, he encontrado algo en el fondo del río pero no puedo sacarlo porque pesa mucho para mí. Ayúdame a sacarlo del fondo.
Se mete dentro, nada y le muestro donde está mi descubrimiento. Le ayudo tirando y sale de debajo de la compacta arena un baúl de roble oscuro. Lo saca a la orilla y sale fuera. Lo abre y saca unas cartas y algunos collares. Me pregunta si me quiero quedar un colgante en forma de hada.
Asiento con la cabeza y me acerco todo lo que puedo a la orilla, levanto los brazos y Nicko se acerca a mí, me coge y me saca en brazos del agua. Sale del río y me deja sentada sobre las rocas, saca su móvil del bolsillo de su pantalón.
-No creo que llegues muy lejos así. Te llevaré a mi casa, solo si te parece bien.
Asiento con la cabeza mientras levanta su móvil y marca un número de teléfono, poniéndoselo en la oreja. 
-Dionisia prepara una bañera para cuando llegue a casa en cinco minutos… Voy a llevar “mi pesca del día”… Unos dos metros y algo de grande… Vale, ahora nos vemos.
Escondemos en un agujero tapado con arbustos el baúl. Me coge en brazos y yo cojo mi mochila y a Laika. Sale despedido como una bala en dirección al pueblo y, en menos que canta un gallo, ya estamos frente a la verja de su casa. La salta y se adentra hacia el interior de la gran mansión no sin antes haber dejado a Laika ya en el suelo. Abren la puerta desde dentro y pasamos. Veo que de una de las habitaciones sale vapor de agua.
-No irás a meterme ahí, ¿verdad? – le digo señalando el vapor de agua – soy de agua fría, pero sin pasarse.
-No, claro que no – miente fatal.
-¡Eh, Nicko! ¿Qué animal tan enorme nos vamos a merendar primero? ¿El tuyo o el mío? – dice Jordi mientras se acerca.
-Comete el tuyo Jordi, el mío no se toca.
-¿Pero qué tenemos aquí? ¡Una sirena! ¡Y se parece a tu amiga de ayer! ¡Buena pesca!
-Esta es mi amiga de ayer. ¿Puedes llevarla tú a la bañera? A mí me pesa un poco y ya la he llevado mucho rato.
-Claro, hermano – y dicho esto me pasan de unos brazos a otros como si fuera un bebé aunque un poquito más grande de lo normal - ¿Con esto te cansas? – dice tirándome hacia arriba y volviéndome a coger.
-Con cuidado Jordi, que es una persona.




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