sábado, 30 de noviembre de 2013

CAPITULO 7: PROBLEMAS


Me llevan a la bañera y me meten en ella con cuidado. Menuda bañera, casi parece un pequeño cuarto de baño pero es mejor así para poder moverme. A los cinco minutos dentro de la bañera todos están al el cuarto de baño mirándome y mirando el agua. ¿Por qué? Para averiguarlo miro yo también. Por la parte alta de mi cola, el agua se está tiñendo de rojo y llenado la habitación de humedad que transporta ese olor a hierro y cal de la sangre pero con un toque dulce y otro a mar.
-Francisco ven, por favor – dice Nicko sin dejar de mirarme ni un segundo.
Francisco, que es el único que no había acudido llega en breve y mira a Nicko, éste señala con un movimiento de barbilla donde estoy yo y Francisco se pone a mi lado fuera de la bañera.
-¿Qué ha pasado? – pregunta.
-No lo sé. Puede que sea por las rocas – contesta Nicko por mí.
-¿Qué rocas? – vuelve a preguntar Francisco algo confuso.
-En el parque me cayó una gota de lluvia y me transformé en una sirena. Como vi que se acercaba gente Nicko me sacó de allí y me llevó a la ribera del río. Me lanzo a varios metros de la orilla, cayendo en el centro del río, y cuando intenté salir a la orilla nadando me rocé con unas rocas afiladas del suelo y que, al parecer, me han rasgado un poco – intento explicarme. 
-Sigues perdiendo sangre y como siga así se te va a infectar. Ayudadme a sacarla del agua para poder curarla – dice Francisco con la intención de ayudarme.
-No creo que sea muy buena idea – dice Nicko – cuando se seca vuelve a su forma humana y no sabemos como podría afectarle la herida si se transforma.
-Tienes razón, pero necesito desinfectar la herida antes de que se ponga peor de lo que ya está.
-Vas a tener que ponerla en la encimera de la cocina y uno de nosotros debe rociarla de agua para que no se seque o ponerle un cubo con agua en el extremo de la cola.
-Nicko, pásame mi móvil. Necesito llamar a mi madre y decirle que estoy en tu casa para que no se preocupe. ¿Cuándo le digo que vuelvo a casa?
-Dile que te quedas a dormir todo el fin de semana y que irás el domingo por la noche, después de cenar – me dice Diona ilusionada – Ya verás como nos divertimos.
-¿Divertirnos? – pregunto irónicamente – Tengo que quedarme como una sirena con alguien pendiente de mí todo el rato para que no me seque en la encimera de la cocina. ¿Cómo quieres que me divierta?
-Ya verás como si, será como una fiesta de pijamas. Ya lo estoy viendo…
Todos, que han escuchado los planes de Diona pegan un gran suspiro sabiendo de antemano lo que les espera esta noche. No puede ser tan terrible, ¿no? Quiero decir, una fiesta de pijamas entre sirena y vampiro no puede acabar tan mal… ¿o si?
-Jordi, sácala de la bañera. Pon cuidado de no tocar la herida demasiado – empieza a mandar Francisco – Dionisia, si quieres la fiesta de pijamas, pon cubos con agua y jarras llenas en todos los lugares de la casa a los que tengas pensado ir, pero que no sean mucho porque habrá que moverla. Nicko prepárale un sitio para que pueda dormir. Coge dos colchones para el largo.
Todos salen por la puerta menos Jordi y Francisco que, un poco entre los dos me sacan fuera y me dejan sobre la gran encimera de la cocina que, para mi sorpresa, es tan grande que cabe toda mi cola. Francisco desaparece por un segundo de mi lado y cuando vuelvo a verlo trae en su mano un gran maletín y unas bolsas. Me dice que son sus instrumentos de enfermería y que ha cogido también los de veterinaria.
En los pocos minutos que han pasado ya noto como empiezo a secarme y se lo hago saber a la persona más cercana a mí porque sé que si me transformo en humana no será tan fácil curarme. Como si lloviera me caen gotas por encima de la cola.
-Tened cuidado de que no entre agua en la herida – instruye Francisco.
Con mucho cuidado noto como empieza la “operación”. También noto una presión en una de mis manos, es Nicko cogiéndomela y dándome una sonrisa que pretende que me tranquilice un poco al notar que la humedad del aire comienza a hacerse más pesada.
-Uff. El aire está muy cargado aquí dentro, ¿no? – comenta Alastair – Me parece bien tener invitados pero quitar la calefacción y abrid las ventanas.
-No es la calefacción Alar, es ella – dice Nicko con indiferencia señalándome a mí. Claro, le dije de mis poderes.
-¿Ella? Me he perdido. Explícamelo por favor – continúan hablando mientras Francisco intenta sacarme algo que tengo clavado en la cola, entre los tejidos.
-Ay – digo ahora que por fin ha conseguido sacármelo. Todos me miran y Nicko me aprieta la mano más fuerte mientras me vuelven a rociar con agua fresca.
-Explícamelo – insiste otra vez.
-Ella controla el agua, aunque no domina sus poderes. Cuando se enfada la calienta, cuando se entristece la enfría y cuando está nerviosa o agitada aumenta la humedad.
-Fascinante. Nunca había visto algo así.
-No creo que nadie haya visto en su vida algo así – comenta Jorge interviniendo por primera vez. No me había dado cuenta de que estaba, es la primera señal de vida que da.
-Más tarde me gustaría hablar contigo – me informa Francisco.
Me ponen unas gasas y una venda que recorre todo el ancho de la parte de mi cola en la que está situada la herida. Me vuelven a dar agua y a mí me está entrando un hambre terrible. Como tengo mucha hambre y me entristece que no pueda comer en un rato el agua que me han puesto se congela en el instante que toca mis escamas.
-Esto va a ser un problema. ¿Qué te ocurre? – me preguntan.
-Nada – les contesto automáticamente pero por la cara que ponen no sé que me da que no lo van a dejar así.
-No nos digas que no te pasa nada cuando has congelado el agua – insiste Alastair mirándome a los ojos – No podemos ayudarte si no nos lo cuentas.
-Es que tengo hambre, eso es todo.
-Llévala al salón donde tengo todo preparado – le dice Diona a Jordi – Así vosotros tendréis la cocina libre para hacer algo. Si no se tranquiliza no podremos mojarla y se transformará. Que sea nutritivo, va a necesitar fuerzas esta noche.
En el salón, me pone en una cama casera en la que entro entera y dejan cerca de mí un recipiente con agua. En el salón entran Francisco, Ondina y Jorge para hacerme el seguimiento médico. Tanta vigilancia es innecesaria, no me voy a morir si me pierden de vista un segundo. A los diez minutos de tediosa espera en constante vigilancia aparece Nicko por la puerta con una bandeja llena de comida. Gracias a Dios.
-Toma, espero que te guste – me dice ofreciéndome la bandeja.
Después de comer me vuelven a mojar y me quedo dormida del agotamiento. Todo esto ha pasado en una mañana, mi vida ha cambiado completamente desde esta mañana cuando decidí irme a leer. Increíble. Y ahora tengo una casa de vampiros para cuidarme. Si se lo cuento a alguien seguro que no me cree.
Me despierto de repente y miro la hora del reloj de pared que hay en la habitación. Solo me he dormido un par de horas, la diferencia es que estoy sola en la habitación y hay un PEN y un ordenador al lado de la almohada. Me rocío con agua ya que nadie más puede hacerlo. Abro el ordenador y lo enciendo. Meto el PEN en la ranura y miro el archivo. Es un vídeo. Clico dos veces en el archivo y empieza.
-Aithne siento tener que dejarte sola pero volveremos en una hora más o menos. Además no te dejo sola por completo. Ayer preguntaste por Romana y Joan, pues ellos se van a encargar de cuidarte por mí. Por favor, no te asustes cuando los veas – dice Nicko seguido de una despedida de todos y una recomendación de echarme agua cada media hora como muy tarde de Francisco.
Tengo un ordenador y mi libro en la mochila para entretenerme hasta que vuelvan. ¡No! Tengo mi libro en la mochila, en la entrada de la casa y no puedo levantarme. No me queda más remedio que usar el ordenador, me pongo una de las películas que he encontrado en sus archivos y me vuelvo a echar agua.
-¿Ya te has despertado? – me dice alguien a los veinte minutos del comienzo de la película.
Me giro y le contesto que si. Esta debe de ser Romana porque es una chica y atravesando la pared de una habitación para entrar a ésta veo a un chico.
-No hagas eso o la vas a asustar – le riñe.
-¿Sois… fantasmas?
-Claro que si, pero no te preocupes no vamos a hacerte daño – y oigo murmurar al chico de que si me hacían daño Nicko los volvería a matar.
Se sientan al lado mío y empiezan a cuidarme otra vez. Que pesadez, puedo cuidarme yo sola.
-Continúa con lo que estabas haciendo. Nosotros solo somos los vigilantes.
Ya lo creo que si, sino no estarían aquí perdiendo el tiempo. Me resigno y continúo viendo la película.
-Mira Joan, el agua se está evaporando. Baja un poco la calefacción.
-Lo siento – les digo.
-¿Por qué?
-Nada, dejadlo.
El tiempo continúa corriendo y no pasa una hora hasta que Nicko llega, sino dos. Dos largas horas con dos personas que no conozco. Juro que lo mato como me vuelva a hacer algo así. Y, una vez en casa, frases como “Tranquilízate por favor” o “¿Qué te pasa?” no paran de entrar en mis oídos. Ya estoy  harta. Solo quiero un poco de tranquilidad y para cuando la consigo es muy entrada la noche. Los seguimientos no son tan seguidos, ahora es cada tres o cuatro horas en vez de a cada hora y ya no están todos a mí alrededor sino solo un par de ellos.  
-Duerme un rato, llevas despierta todo el día – me dicen Nicko y Francisco a las tres de la madrugada.
-No tengo  sueño, de verdad – insisto otra vez - ¿Vosotros no dormís?
-No, la que debe hacerlo eres tú – me dicen otra vez. Son más pesados que un elefante en brazos - No te enfades con nosotros por decirte que duermas un poco.
Y así toda la noche hasta que me llevan el desayuno a las cinco y media de la mañana. Después me empieza a picar la herida e intento alcanzarla para rascarme. No la alcanzo. Me tumbo sobre el colchón y dejo salir un pequeño grito de desesperación.
-¿Qué ocurre? – preguntan inseguros.
-Me pica la herida, me pica mucho.
-No te rasques – me dicen.
-¿Qué podemos hacer? – preguntan consultando las opciones y es Francisco el que da la explicación y la solución.
-Hay que examinarle la herida y cambiarle las vendas pero mucho me temo que se haya infectado – dice dirigiéndose a los demás – Llevadla a la encimera de la cocina y yo haré el resto.
En menos de un minuto ya está todo listo para intervenir. Me quitan las vendas y lavan la herida.
-Mira. Justo como me temía, se ha infectado – oigo que le dicen a Nicko – Trae el agua oxigenada y el alcohol del botiquín.
Cuando me los echan por la herida me escuece en montón pero intento no poner mala cara. Me ponen dos láminas de madera a los lados de la cola y la envuelven en vendas, así no podré moverla, ya verás como me molesta. Me vuelven a poner en el salón y empiezan a hablar entre ellos.
-Ahora más que nunca hay que mantenerla mojada. No podrá mover su cola, le he puesto dos maderas. Volveré a hacer un seguimiento cada hora – les informa Francisco. Más seguimientos no por favor. Ahora se dirige a mí – Deberías llamar a tu  madre y decirle que te quedarás un poco más, como muy pronto volverás el lunes por la noche.
-Ya me inventaré algo. ¿No iré mañana al instituto?
-No, puedes decirle a tus padres que tenías excursión y te has caído si te queda alguna marca en la pierna.
-Bien pensado. ¿Iréis vosotros?
-Irán los que quieran y yo no iré a trabajar – me explica su padre.
Por un fin de semana que tenía solo con mi madre va y me tiene que pasar esto. Todo el fin de semana encerrada en una casa de vampiros y herida. No puedo evitar sentirme un poco feliz cuando, el lunes por la tarde, Francisco me dice que ya ha pasado lo peor y, que si quiero, ya puedo volver a mi forma humana. Dejan de mojarme y me traen un par de gruesas toallas. Me quitan las vendas y las láminas de madera y empiezo a secarme. Cinco minutos después ya vuelvo a tener un par de piernas, una con una gran herida pero son piernas.
-Déjame verla – me la examina y le pone unas gasas y una venda – No la muevas mucho. Ya no está infectada. Prueba a ver si puedes andar un poco.
Me ayudan a ponerme en pie, doy un paso hacia delante yo sola y me caigo. Jordi se lleva la mano a la frente y agacha la cabeza moviéndola de un lado a otro.
-Practica un poco y luego te acompañará Nicko a tu casa.
Así que en un par de horas salgo de mi encierro y me dirijo a casa por primera vez en tres días.


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