sábado, 30 de noviembre de 2013

CAPITULO 3: FIN DE SEMANA


¡POM! La puerta de mi cuarto se abre de golpe y entra mi madre con una cara sonriente.
-¿Qué pasa mamá?
-¡Nos vamos de viaje! – anuncia tan contenta
-¿A dónde nos vamos?
-A la playa por supuesto, a saborear el último fin de semana en el que el agua está a una temperatura considerable para meterse dentro – contesta mi hermana que justo acababa de aparecer por la puerta.
¡A LA PLAYA! Qué horror, ¿qué voy a hacer? Puedo preguntarles si me dejarían quedarme en casa con la excusa de que la playa a estas épocas del año no me gusta pero no me funcionaría, estoy segura. Pero tengo que intentarlo:
-A mí no me va la playa a estas alturas del año, ¿no puedo quedarme en casa?
-No cariño, es un viaje en familia y nos vamos las tres.
-¿Has dicho las tres? Si no viene papá, entonces…
-Entonces, ¿qué Aithne? – exige saber mi madre.
-Yo puedo quedarme con él y hacerle compañía. Con esa solución todos contentos.
-Te vienes y punto.
-Bicho raro, mira que no querer ir a la playa – le oigo decir a Jenna mientras sale de mi habitación.
Y que razón tiene aunque ella no lo sabe y espero que no lo sepa nunca. Pero eso da igual  porque tengo un fin de semana en la playa y no sé cómo me voy a mantener fuera del agua. Les puedo decir que tengo otitis pero me llevarían al médico y descubrirían que miento. Pero lo único que se me ocurre es romperme algo para no ir. Y otra vez acecha la mala suerte porque como esta lloviendo no puedo salir a patinar y “caerme por accidente” y romperme una pierna. Me tendré que aguantar con un libro en la toalla.
Y aquí estoy yo deshaciendo las maletas en nuestro apartamento de la playa. Hace un rato cuando he mirado por la ventana estaba el sol tapado por unas grandes nubes blancas que cubrían el cielo como una manta y no he podido resistir la tentación de hacerles una foto con mi cámara. Espero que para mi cumpleaños me compren una cámara de las buenas, me saldrán mejor las fotos.

Grrrrr… que hambre tengo, voy a subir a la cocina a por algo de comer. Cuando paso por la puerta que da a la terraza veo a mi madre en una tumbona mirando la luna y las estrellas.
-Cariño ven a ver el cielo nocturno conmigo, esta noche está precioso
-Si mamá es muy bonito. Por cierto te importaría si saliera a dar un paseo nocturno por el paseo marítimo – le pregunto con unas ganas enormes de bajarme a darme un chapuzón sin testigos a la luz de la luna.
-No, vete y disfruta de esta magnífica velada, pero no vuelvas muy tarde.
-Vale mamá, gracias.
Después de esta conversación se me ha quitado el apetito. Me pongo un bikini y pongo una toalla, unas chanclas, un libro, mi cámara de fotos y algo de comer en una pequeña mochila. Salgo de mi casa dirigiéndome directamente a la playa. Cruzo una calle y un paso de cebra, paso por delante de varios locales que ya están cerrando cruzo otra calle y solo me queda un paso de cebra para llegar al paseo marítimo. En el paseo marítimo hay tenderetes nocturnos que esperan a que pase algún trasnochador y que le compre algo, aunque ya los están cerrando porque a esta hora ya no hay ni un alma en la calle. Perfecto para la tontería que voy a hacer.
Me quito los zapatos dejando los pies descalzos sobre la arena y refrescándome con el olor a mar y la pequeña brisa que sopla. Me pongo las chanclas y me encamino hacia unas rocas donde nadie me verá de noche. Allí dejo la mochila y guardo mi ropa para que no se me moje. Miro a ambos lados para asegurarme de que no tengo público, no quiero correr más riesgos de los que ya tengo. Miro al agua que parece en calma, perfecta para un chapuzón. Solo pongo el pie en el borde de la roca y dejo caer mi cuerpo al agua por la mera fuerza de la gravedad.
¡PUM! Que fresca está el agua a estas horas de la noche. Me sumerjo y nado durante un rato y con mi cámara sumergible hago fotos de los peces y los corales. Cuando me subo a la roca me seco lo más rápido posible y me vuelvo a vestir. Y justo cuando iba a irme de la roca me resbalo con el agua del suelo de la roca. Espero el pom pero no sucede, no noto el frío del agua mas noto algo frío que me agarra la mano. Es una persona y menos mal que me ha agarrado. Ahora me estabilizo y me sorprendo cuando veo a Nicko. Que sorpresa, justo donde menos me lo esperaba encontrar.
-¿Qué haces aquí? – le pregunto
-Supongo que lo mismo que hacías tú, dar un paseo por la playa a la luz de la luna.
-No, me refiero a qué haces en La Pineda.
-Mi familia quería disfrutar del último chapuzón del año y hemos venido el fin de semana. ¿Y tú?
-Pues lo mismo, aunque yo no quería venir.
-Entonces no te gusta la playa – supuso.
-No es eso, es complicado de explicar.
No insistió, pero cómo iba a decirle que por culpa de mi secreto no puedo disfrutar como todos los demás de un día de playa. Es una lástima pero es así.
Nos dimos un paseo por la arena y por un parque. Mantuvimos una conversación que se parecía más a un interrogatorio:
-Cuéntame cosas sobre tu familia – le pido con curiosidad porque aun no conozco a su familia.
-Francisco y Ondina son mis padres y adoptaron a cuatro de mis hermanos hace mucho.
-¿Cuántos hermanos tienes? ¿Cuales son sus nombres? ¿Son tus hermanos de sangre o adoptivos? – le pregunto en un torbellino de cuestiones.
-Tengo tres hermanos adoptivos y se llaman Romana, Jorgina, Joan y Alastair. Jordi es mi hermano por nacimiento. Somos mellizos. Dionisia es mi hermanita pequeña.
-¿Os lleváis bien entre todos?
-Por lo general si.
-¿Cómo sabias que estaba en esta roca? – pregunto cambiando de tema.
-Te oí y me acerqué.
Vaya y yo que pensaba que no me veía ni oía nadie. Definitivamente nada me sale bien. Debo de tener más cuidado a partir de ahora.
-La pregunta es, ¿te apetece un chapuzón? – me pregunta
-¿Ahora?
-Claro, ahora mismo.
-No me apetece mucho – intento mentir lo mejor que puedo. No sé si querría meterse con un monstruo como yo.
-Es verdad, ya te has metido antes de que te encontrara. Lo curioso es que no tienes el pelo mojado ni la piel húmeda.
-Si, muy curioso – le digo mientras pongo una mueca.
No sabía como explicárselo en el caso de que insistiera con lo del pelo mojado y la humedad. Seguro que entraría en estado de shock si le muestro como soy en realidad.
-¿Cuándo es tu cumpleaños? – le pregunto empezando de nuevo con el torbellino y cambiando de tema.
-Es el 19 de octubre.
-Te queda un mes y poco. Que suerte, para el mío aun queda mucho.
-¿Cuándo es el tuyo?
-Es el 14 de febrero – le contesto.
-Que casualidad, el día de San Valentín.
Asiento con la cabeza una  vez. Después seguimos hablando mientras damos un paseo por la calle en dirección a mi apartamento porque ya es muy tarde. Nos paramos frente a mi apartamento y nos miramos fijamente unos segundos.
-Te apetece tomar un helado mañana.
-Claro - ¿a qué ha venido esa pregunta?
-Te recogeré aquí después del atardecer. ¿Te parece bien?
-Vale, aquí estaré – digo mientras abro la puerta para meterme en casa.
Subo a mi cuarto y me echo en la cama, pero no puedo dormir y me concentro en el lejano sonido de las olas del mar. Me gusta ese sonido, es relajante y me tranquiliza.  Me duermo pero con dificultad. Puede que sea por lo nerviosa que estoy por lo de mañana o porque no tengo mucho sueño, aunque al final cierro los ojos.

Qué lugar tan raro. No tengo ni idea de done estoy pero veo encima de mi cabeza la luna y a mis lados un gran bosque. De repente sale corriendo un ciervo y como una gran ráfaga de viento un cuerpo con mucha velocidad, demasiada para mi gusto. Sigo sin entender qué narices estoy haciendo aquí, no hay ningún lugar así por los alrededores de La Pineda. Creo que me estoy volviendo loca.
-Aithne – me llama una voz como si estuviera a mucha distancia y solo oigo un susurro.
Me estoy asustando. ¿Quién ha hablado? ¿No me lo estaré imaginando todo? No. Algo me pone su mano en mi hombro derecho. Como sé que es una mano pienso que es humano o algo parecido. Pego un grito cagada de miedo, pidiendo ayuda en mi fuero interno.
-Solo soy yo Aithne.
¿Qué? ¿Qué solo es él? Pero quién. Me giro despacio hacia la persona que me ha cogido del hombro. Por un segundo veo a Nicko y yo que estoy al borde de un ataque suspiro de alivio. Pero, ¿qué hace él aquí? Va a tener que responderme cuando vuelva a verlo porque lo voy a volver a ver, espero.
-¿Qué haces aquí?
-Cazar – me responde tranquilo y yo mientras intento asimilarlo porque como no lleva escopeta ni nada no sé como puede cazar – Ten cuidado.
Después de estas palabras desaparece en un abrir y cerrar de ojos, pero literalmente no metafóricamente. Con la boca abierta creo que me he quedado.

El sol me acaricia la cara a través de la ventana y me despierto. Tengo mucho en lo que pensar desde el sueño que he tenido, como por ejemplo qué es lo que quería decir Nicko con esas palabras o por qué un bosque y un ciervo y él estando de caza sin armas. Da lo mismo, miro el reloj de mi mesilla de noche y son las cinco de la mañana. ¡Dios mío, que temprano es! Para pasar el rato me voy a nadar donde lo estuve haciendo ayer y les dejo una nota a mi madre y a mi hermana diciéndoles donde estoy y que volveré para las ocho como muy tarde.
La fresca agua del mar me ha tranquilizado mucho y me ha hecho ver las cosas un poco más claras. Cuando llego a casa he comprado el pan y mi madre y mi hermana siguen durmiendo en sus respectivas camas. Que dormilonas. Me salgo a la terraza con mi caballete y mis pinturas y una radio. Enciendo la radio y me pongo a pintar el paisaje que tengo delante de mí, unas filas de tejados de varios bloques de pisos y el mar al fondo con la luz de la mañana y las preciosas nubes con un tono rosa.
Dejo mi pintura a la mitad, la terminaré mañana porque ya es muy tarde hoy y como ninguna se ha despertado aún tengo que hacer yo la comida. No me apetece cocinar. Voy hasta el teléfono y pido tres pizzas que me traen en veinte minutos. Cuando llegan las pizzas, mi madre y mi hermana, se levantan y van directas al comedor. Pienso que se han levantado por el olor de las pizzas, que curioso.
-Buenos días “Bellas Durmientes” -  les digo cuando entran por la puerta guiadas por el olor. No puedo resistirme a reírme un poco ante esto.
-Buenos días cielo, hoy has madrugado mucho.
-Me he ido a la playa tres horas y seguíais durmiendo cuando he vuelto con el pan – le contesto a mi madre.
-Vamos a comer ya que me muero de hambre – dice mi hermana ignorándonos.
Después de comer me preparo para leer un rato en la playa  antes del atardecer. Con mi libro y una toalla en la mochila me cojo un sitio en el que se vea el mar pero que esté un poco lejos de la orilla. Me pongo a leer y me quedo dormida. Cuando me despierto miro hacia arriba y el cielo delata que ya ha pasado el atardecer hace mucho. Seguro que él se ha vuelto a su casa. Me dispongo a levantarme para irme a casa y cuando lo vea le pediré disculpas.
No creo que tenga que esperar mucho para ese momento ya que está sentado en una toalla al lado de la mía con mi libro en las manos. ¿Cómo me ha encontrado?
-¿Ya te has despertado? Toma – dice hablando él el primero y me da mi libro.
-Si, supongo.
-¿Nos vamos a por un helado ahora?
-Claro. ¿Cómo me has encontrado? – le pregunto mientras recogemos todo.
-Me lo dijo tu madre y te encontré dormida. No te quería despertar y he esperado mientras leía tu libro. Esto me recuerda… - dice mientras saca algo de su bolsillo – Toma tu móvil, tu madre me pidió que te lo diera y que te dijera que la llamaras para saber si ibas a cenar con ellas.
-Gracias.
-¿Cenamos juntos?
-No he traído dinero para nada más que un par de helados.
-Muy fácil, yo pago la cena y tú los helados.
-Eso no sería justo para ti.
-Por favor. Yo tengo de sobra y de qué sirve el dinero si no me lo gasto.
-Está bien – accedo yo y él pone una sonrisa en su cara que me hace sonreír a mí también. 
 La noche fue genial salvo por un momento en el restaurante en el que un señor casi me tira su vaso de agua encima. Se me aceleró el corazón un montón en ese momento y creo que él se dio cuenta del cambio cardíaco.
Al día siguiente volví a casa y mi padre nos recibió con los brazos abiertos. Esa misma noche tuve otra vez el sueño de ese fin de semana.
Por la mañana, como siempre que voy al instituto, me pongo el uniforme, desayuno y me voy al encuentro con Nicko.
Cuando lo veo me siento extrañada. Nicko lleva dos mochilas en vez de una y, una de ellas va chorreando un líquido rojo.
-Te está chorreando una mochila – le digo porque parece que no se ha dado cuenta.
-¡Oh, no! Se me ha debido de romper mi zumo de frutas del bosque – y a continuación abre su mochila y saca su zumo para tirarlo en la basura más próxima.
-¿Por qué llevas dos mochilas?
-¿No te acuerdas? Hoy tenemos piscina. Lo dijo la profesora el viernes mientras escuchabas la conversación de Daniela y Circe.
-Pis…ci…na – consigo decir.
No me había enterado. Necesito pensar doce excusas para faltar. Hoy me lo he dejado y sirve como una. Para el miércoles ya puedo haberme caído con los patinas y haberme roto algo.
-¿A qué hora? – le pregunto
-A tercera, después del primer recreo.
A tercera… puedo hacer pellas los lunes pero para los miércoles me hace falta otra excusa. Mierda.
-¿Nos vamos? – me pregunta.

-Claro, vamos.

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