¡POM! La puerta de mi
cuarto se abre de golpe y entra mi madre con una cara sonriente.
-¿Qué pasa mamá?
-¡Nos vamos de viaje! –
anuncia tan contenta
-¿A dónde nos vamos?
-A la playa por
supuesto, a saborear el último fin de semana en el que el agua está a una
temperatura considerable para meterse dentro – contesta mi hermana que justo
acababa de aparecer por la puerta.
¡A LA PLAYA! Qué horror,
¿qué voy a hacer? Puedo preguntarles si me dejarían quedarme en casa con la
excusa de que la playa a estas épocas del año no me gusta pero no me
funcionaría, estoy segura. Pero tengo que intentarlo:
-A mí no me va la playa
a estas alturas del año, ¿no puedo quedarme en casa?
-No cariño, es un viaje
en familia y nos vamos las tres.
-¿Has dicho las tres? Si
no viene papá, entonces…
-Entonces, ¿qué Aithne?
– exige saber mi madre.
-Yo puedo quedarme con
él y hacerle compañía. Con esa solución todos contentos.
-Te vienes y punto.
-Bicho raro, mira que no
querer ir a la playa – le oigo decir a Jenna mientras sale de mi habitación.
Y que razón tiene aunque
ella no lo sabe y espero que no lo sepa nunca. Pero eso da igual porque tengo un fin de semana en la playa y
no sé cómo me voy a mantener fuera del agua. Les puedo decir que tengo otitis
pero me llevarían al médico y descubrirían que miento. Pero lo único que se me
ocurre es romperme algo para no ir. Y otra vez acecha la mala suerte porque
como esta lloviendo no puedo salir a patinar y “caerme por accidente” y
romperme una pierna. Me tendré que aguantar con un libro en la toalla.
Y aquí estoy yo
deshaciendo las maletas en nuestro apartamento de la playa. Hace un rato cuando
he mirado por la ventana estaba el sol tapado por unas grandes nubes blancas
que cubrían el cielo como una manta y no he podido resistir la tentación de
hacerles una foto con mi cámara. Espero que para mi cumpleaños me compren una
cámara de las buenas, me saldrán mejor las fotos.
Grrrrr… que hambre
tengo, voy a subir a la cocina a por algo de comer. Cuando paso por la puerta
que da a la terraza veo a mi madre en una tumbona mirando la luna y las
estrellas.
-Cariño ven a ver el
cielo nocturno conmigo, esta noche está precioso
-Si mamá es muy bonito.
Por cierto te importaría si saliera a dar un paseo nocturno por el paseo
marítimo – le pregunto con unas ganas enormes de bajarme a darme un chapuzón
sin testigos a la luz de la luna.
-No, vete y disfruta de
esta magnífica velada, pero no vuelvas muy tarde.
-Vale mamá, gracias.
Después de esta
conversación se me ha quitado el apetito. Me pongo un bikini y pongo una
toalla, unas chanclas, un libro, mi cámara de fotos y algo de comer en una
pequeña mochila. Salgo de mi casa dirigiéndome directamente a la playa. Cruzo
una calle y un paso de cebra, paso por delante de varios locales que ya están
cerrando cruzo otra calle y solo me queda un paso de cebra para llegar al paseo
marítimo. En el paseo marítimo hay tenderetes nocturnos que esperan a que pase
algún trasnochador y que le compre algo, aunque ya los están cerrando porque a
esta hora ya no hay ni un alma en la calle. Perfecto para la tontería que voy a
hacer.
Me quito los zapatos
dejando los pies descalzos sobre la arena y refrescándome con el olor a mar y
la pequeña brisa que sopla. Me pongo las chanclas y me encamino hacia unas
rocas donde nadie me verá de noche. Allí dejo la mochila y guardo mi ropa para
que no se me moje. Miro a ambos lados para asegurarme de que no tengo público,
no quiero correr más riesgos de los que ya tengo. Miro al agua que parece en
calma, perfecta para un chapuzón. Solo pongo el pie en el borde de la roca y
dejo caer mi cuerpo al agua por la mera fuerza de la gravedad.
¡PUM! Que fresca está el
agua a estas horas de la noche. Me sumerjo y nado durante un rato y con mi
cámara sumergible hago fotos de los peces y los corales. Cuando me subo a la
roca me seco lo más rápido posible y me vuelvo a vestir. Y justo cuando iba a
irme de la roca me resbalo con el agua del suelo de la roca. Espero el pom pero
no sucede, no noto el frío del agua mas noto algo frío que me agarra la mano.
Es una persona y menos mal que me ha agarrado. Ahora me estabilizo y me
sorprendo cuando veo a Nicko. Que sorpresa, justo donde menos me lo esperaba
encontrar.
-¿Qué haces aquí? – le
pregunto
-Supongo que lo mismo
que hacías tú, dar un paseo por la playa a la luz de la luna.
-No, me refiero a qué
haces en La Pineda.
-Mi familia quería
disfrutar del último chapuzón del año y hemos venido el fin de semana. ¿Y tú?
-Pues lo mismo, aunque
yo no quería venir.
-Entonces no te gusta la
playa – supuso.
-No es eso, es
complicado de explicar.
No insistió, pero cómo
iba a decirle que por culpa de mi secreto no puedo disfrutar como todos los
demás de un día de playa. Es una lástima pero es así.
Nos dimos un paseo por
la arena y por un parque. Mantuvimos una conversación que se parecía más a un
interrogatorio:
-Cuéntame cosas sobre tu
familia – le pido con curiosidad porque aun no conozco a su familia.
-Francisco y Ondina son
mis padres y adoptaron a cuatro de mis hermanos hace mucho.
-¿Cuántos hermanos
tienes? ¿Cuales son sus nombres? ¿Son tus hermanos de sangre o adoptivos? – le
pregunto en un torbellino de cuestiones.
-Tengo tres hermanos
adoptivos y se llaman Romana, Jorgina, Joan y Alastair. Jordi es mi hermano por
nacimiento. Somos mellizos. Dionisia es mi hermanita pequeña.
-¿Os lleváis bien entre
todos?
-Por lo general si.
-¿Cómo sabias que estaba
en esta roca? – pregunto cambiando de tema.
-Te oí y me acerqué.
Vaya y yo que pensaba
que no me veía ni oía nadie. Definitivamente nada me sale bien. Debo de tener
más cuidado a partir de ahora.
-La pregunta es, ¿te
apetece un chapuzón? – me pregunta
-¿Ahora?
-Claro, ahora mismo.
-No me apetece mucho –
intento mentir lo mejor que puedo. No sé si querría meterse con un monstruo
como yo.
-Es verdad, ya te has
metido antes de que te encontrara. Lo curioso es que no tienes el pelo mojado
ni la piel húmeda.
-Si, muy curioso – le
digo mientras pongo una mueca.
No sabía como
explicárselo en el caso de que insistiera con lo del pelo mojado y la humedad.
Seguro que entraría en estado de shock si le muestro como soy en realidad.
-¿Cuándo es tu
cumpleaños? – le pregunto empezando de nuevo con el torbellino y cambiando de
tema.
-Es el 19 de octubre.
-Te queda un mes y poco.
Que suerte, para el mío aun queda mucho.
-¿Cuándo es el tuyo?
-Es el 14 de febrero –
le contesto.
-Que casualidad, el día
de San Valentín.
Asiento con la cabeza
una vez. Después seguimos hablando
mientras damos un paseo por la calle en dirección a mi apartamento porque ya es
muy tarde. Nos paramos frente a mi apartamento y nos miramos fijamente unos
segundos.
-Te apetece tomar un
helado mañana.
-Claro - ¿a qué ha
venido esa pregunta?
-Te recogeré aquí
después del atardecer. ¿Te parece bien?
-Vale, aquí estaré –
digo mientras abro la puerta para meterme en casa.
Subo a mi cuarto y me
echo en la cama, pero no puedo dormir y me concentro en el lejano sonido de las
olas del mar. Me gusta ese sonido, es relajante y me tranquiliza. Me duermo pero con dificultad. Puede que sea
por lo nerviosa que estoy por lo de mañana o porque no tengo mucho sueño,
aunque al final cierro los ojos.
Qué lugar tan raro. No
tengo ni idea de done estoy pero veo encima de mi cabeza la luna y a mis lados
un gran bosque. De repente sale corriendo un ciervo y como una gran ráfaga de
viento un cuerpo con mucha velocidad, demasiada para mi gusto. Sigo sin
entender qué narices estoy haciendo aquí, no hay ningún lugar así por los
alrededores de La Pineda. Creo que me estoy volviendo loca.
-Aithne – me llama una
voz como si estuviera a mucha distancia y solo oigo un susurro.
Me estoy asustando.
¿Quién ha hablado? ¿No me lo estaré imaginando todo? No. Algo me pone su mano
en mi hombro derecho. Como sé que es una mano pienso que es humano o algo parecido.
Pego un grito cagada de miedo, pidiendo ayuda en mi fuero interno.
-Solo soy yo Aithne.
¿Qué? ¿Qué solo es él?
Pero quién. Me giro despacio hacia la persona que me ha cogido del hombro. Por
un segundo veo a Nicko y yo que estoy al borde de un ataque suspiro de alivio.
Pero, ¿qué hace él aquí? Va a tener que responderme cuando vuelva a verlo
porque lo voy a volver a ver, espero.
-¿Qué haces aquí?
-Cazar – me responde
tranquilo y yo mientras intento asimilarlo porque como no lleva escopeta ni
nada no sé como puede cazar – Ten cuidado.
Después de estas
palabras desaparece en un abrir y cerrar de ojos, pero literalmente no
metafóricamente. Con la boca abierta creo que me he quedado.
El sol me acaricia la
cara a través de la ventana y me despierto. Tengo mucho en lo que pensar desde
el sueño que he tenido, como por ejemplo qué es lo que quería decir Nicko con
esas palabras o por qué un bosque y un ciervo y él estando de caza sin armas.
Da lo mismo, miro el reloj de mi mesilla de noche y son las cinco de la mañana.
¡Dios mío, que temprano es! Para pasar el rato me voy a nadar donde lo estuve
haciendo ayer y les dejo una nota a mi madre y a mi hermana diciéndoles donde
estoy y que volveré para las ocho como muy tarde.
La fresca agua del mar
me ha tranquilizado mucho y me ha hecho ver las cosas un poco más claras.
Cuando llego a casa he comprado el pan y mi madre y mi hermana siguen durmiendo
en sus respectivas camas. Que dormilonas. Me salgo a la terraza con mi
caballete y mis pinturas y una radio. Enciendo la radio y me pongo a pintar el
paisaje que tengo delante de mí, unas filas de tejados de varios bloques de
pisos y el mar al fondo con la luz de la mañana y las preciosas nubes con un
tono rosa.
Dejo mi pintura a la
mitad, la terminaré mañana porque ya es muy tarde hoy y como ninguna se ha
despertado aún tengo que hacer yo la comida. No me apetece cocinar. Voy hasta
el teléfono y pido tres pizzas que me traen en veinte minutos. Cuando llegan
las pizzas, mi madre y mi hermana, se levantan y van directas al comedor.
Pienso que se han levantado por el olor de las pizzas, que curioso.
-Buenos días “Bellas
Durmientes” - les digo cuando entran por
la puerta guiadas por el olor. No puedo resistirme a reírme un poco ante esto.
-Buenos días cielo, hoy
has madrugado mucho.
-Me he ido a la playa
tres horas y seguíais durmiendo cuando he vuelto con el pan – le contesto a mi
madre.
-Vamos a comer ya que me
muero de hambre – dice mi hermana ignorándonos.
Después de comer me
preparo para leer un rato en la playa
antes del atardecer. Con mi libro y una toalla en la mochila me cojo un
sitio en el que se vea el mar pero que esté un poco lejos de la orilla. Me
pongo a leer y me quedo dormida. Cuando me despierto miro hacia arriba y el
cielo delata que ya ha pasado el atardecer hace mucho. Seguro que él se ha
vuelto a su casa. Me dispongo a levantarme para irme a casa y cuando lo vea le
pediré disculpas.
No creo que tenga que
esperar mucho para ese momento ya que está sentado en una toalla al lado de la
mía con mi libro en las manos. ¿Cómo me ha encontrado?
-¿Ya te has despertado?
Toma – dice hablando él el primero y me da mi libro.
-Si, supongo.
-¿Nos vamos a por un
helado ahora?
-Claro. ¿Cómo me has
encontrado? – le pregunto mientras recogemos todo.
-Me lo dijo tu madre y
te encontré dormida. No te quería despertar y he esperado mientras leía tu
libro. Esto me recuerda… - dice mientras saca algo de su bolsillo – Toma tu
móvil, tu madre me pidió que te lo diera y que te dijera que la llamaras para
saber si ibas a cenar con ellas.
-Gracias.
-¿Cenamos juntos?
-No he traído dinero
para nada más que un par de helados.
-Muy fácil, yo pago la
cena y tú los helados.
-Eso no sería justo para
ti.
-Por favor. Yo tengo de
sobra y de qué sirve el dinero si no me lo gasto.
-Está bien – accedo yo y
él pone una sonrisa en su cara que me hace sonreír a mí también.
La noche fue genial salvo por un momento en el
restaurante en el que un señor casi me tira su vaso de agua encima. Se me
aceleró el corazón un montón en ese momento y creo que él se dio cuenta del
cambio cardíaco.
Al día siguiente volví a
casa y mi padre nos recibió con los brazos abiertos. Esa misma noche tuve otra
vez el sueño de ese fin de semana.
Por la mañana, como
siempre que voy al instituto, me pongo el uniforme, desayuno y me voy al
encuentro con Nicko.
Cuando lo veo me siento
extrañada. Nicko lleva dos mochilas en vez de una y, una de ellas va chorreando
un líquido rojo.
-Te está chorreando una
mochila – le digo porque parece que no se ha dado cuenta.
-¡Oh, no! Se me ha
debido de romper mi zumo de frutas del bosque – y a continuación abre su
mochila y saca su zumo para tirarlo en la basura más próxima.
-¿Por qué llevas dos
mochilas?
-¿No te acuerdas? Hoy
tenemos piscina. Lo dijo la profesora el viernes mientras escuchabas la conversación
de Daniela y Circe.
-Pis…ci…na – consigo
decir.
No me había enterado.
Necesito pensar doce excusas para faltar. Hoy me lo he dejado y sirve como una.
Para el miércoles ya puedo haberme caído con los patinas y haberme roto algo.
-¿A qué hora? – le pregunto
-A tercera, después del
primer recreo.
A tercera… puedo hacer
pellas los lunes pero para los miércoles me hace falta otra excusa. Mierda.
-¿Nos vamos? – me
pregunta.
-Claro, vamos.
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