Estamos a 3 de
septiembre y en una semana empezaré 4º ESO. Para mí los estudios no son un
problema, no sobresalgo pero tampoco voy muy justa. Acabo de mudarme aquí, a
Utebo, y no conozco a nadie. Eso puede ser un problema porque me cuesta mucho
hacer amigos ya que sólo he tenido que apañármelas sola en las clases ya que mi
hermana pequeña (sólo un minuto más pequeña que yo porque somos gemelas)
siempre ha estado rompiendo el hielo cuando se trata de la gente nueva, puesto
que ella es mucho más extrovertida que yo que soy demasiado tímida. Dos polos
totalmente opuestos.
Estoy en mi habitación
recogiendo lo que hay metido en mis cajas de embalaje cuando me doy cuenta de que me falta una
caja, una en la que tengo todos mis tesoros (mis libros favoritos, mi álbum de
recuerdos y peluches que han estado conmigo toda mi vida).
“Genial” me digo a mí misma. Por supuesto esto tiene
que pasarme a mí, la mayoría de las veces la mala suerte de la familia cae
sobre mi persona, por desgracia no puedo remediarlo así que tengo que
aguantarme con lo que me ha tocado en la vida.
-Mamá, hay que llamar a
los de la mudanza, me falta una caja – le digo a mi madre desde mi habitación.
-Mañana me tienen que
traer unas cuantas cajas más, les diré que traigan la tuya – me contesta con
una voz dulce y tranquila – pregúntale a Jenna si le falta alguna caja, ¿vale?
-De acuerdo mamá, pero
creo que no le falta ninguna – le replico
-Tú hazlo por si acaso
-Vale
Bajo las escaleras al
segundo piso donde están las habitaciones de mis padres y la de mi hermana, la
mía está en el desván, todo para mí con baño incluido. No me pudo creer lo que
estoy viendo en la habitación de Jenna, ella está en el suelo con el ordenador
mientras todas sus cajas están esparcidas por la habitación de tal manera que
no sé por dónde meterme y ni siquiera se ha molestado en subir la persiana, lo
que da a la habitación un toque un poco siniestro. Como puedo, me pongo delante
de ella y capto su atención para que deje el ordenador y me escuche.
-Jen, ¿puedes prestarme
tu atención un momento? – le dije un poco borde.
-Vale. Dime qué es lo
que quieres.
-Mamá quiere saber si te
falta alguna caja – le contesto con un tono un poco más amable – Aunque con
todo este alboroto no sé como podrías saberlo.
-Mira tengo mi cuarto
como quiero y tú no me vas a decir lo que hacer o no con él – me dice de mal
humor.
-Vale, como tú quieras.
¿Te falta alguna caja o no?
-No, no me falta
ninguna. Ya las he contado tres veces y están todas – me responde con orgullo.
Bajo las escaleras sin
prisas y no encuentro a mi madre dónde se suponía que debería estar, en la
cocina recogiendo todos los alimentos en armarios, el frigorífico y el arcón.
Está en el salón montándose un lío con los cables de la televisión, el DVD, el
disco duro, la Wii y otras cosas.
-¿Necesitas ayuda con
todo eso? – le pregunto apiadándome un poco de ella.
-Si eres tan amable, por
favor – me dice en un tono que parece casi una súplica.
-Vale, tú desata los
líos que has hecho y ya lo monto yo.
-¿Qué te ha dicho Jenna?
A mi madre no le gustan
los apodos y por eso siempre nos llama por nuestro nombre completo.
-Me ha dicho que no le
falta ninguna caja pero tendrías que ver su habitación. No sé cómo puede
afirmarlo con semejante alboroto.
-¿Qué le ha hecho a la
habitación? – me pregunta casi sin asombro.
-Deberías verlo por ti
misma. No llevamos aquí ni dos días y ya parece haber pasado un huracán por ahí
dentro.
-Tu hermana no cambia
nunca. Da igual dónde estemos, su habitación está siempre hecha una leonera.
Algún día de éstos encontraremos una nueva civilización por su habitación.
-Lo sé. Es preocupante –
le digo mientras termino de encajar todos los cables – Si no te importa me voy
a dar una vuelta en patines para ir conociendo el pueblo.
-Claro que no.
Diviértete – esperaba que me dejara aunque hay mucho que hacer. Pero justo
antes de irme me dice – ¡Ten mucho cuidado de no perderte!
Después de salir por la
puerta de mi casa me dirijo hacia un parque que hay enfrente. El parque es
enorme; con columpios y toboganes para los niños pequeños y un gran cajón de
arena con unos niños jugando con sus cubos y sus palas, una gran extensión de
césped donde algunas personas juegan al frisbee con sus perros y, por supuesto,
el suelo es totalmente liso y perfecto para patinar un rato.
Que tranquilo es este
parque, llevo patinando un buen rato y no me ha pasado nada. Pero me parece que
he hablado demasiado pronto porque de repente algo me da en la cabeza y en
consecuencia pierdo el equilibrio y caigo al suelo.
Dios cómo me duele la
cabeza y ahora también el culo por la caída.
-Perdona, se me ha
escapado el frisbee y te ha dado en la cabeza – me dice una voz que desconozco,
aunque con un tono muy dulce.
-No pasa nada. Le puede
ocurrir a cualquiera – le digo mientras me ayuda a levantarme.
Entonces me fijo un poco
mejor. Es un chico alto de pelo negro y unos preciosos ojos verdes que parecen
transparentes. Su piel es blanca como la leche, es decir, pálida. Corriendo y
ladrando detrás de él viene un perro o mejor dicho una perra con cabellos de
color dorado. Debe de ser un golden retriever. Atado al cuello no lleva el
típico collar de perro, sino que lleva un pañuelo de un color verde muy bonito
que hace juego con el color de los ojos de su dueño.
-Lo siento – vuelve a
disculparse mientras su perro salta encima de mí – No, Laika no, baja – le
replica a Laika (su perra) – Perdón – me vuelve a decir dirigiéndose otra vez a
mí.
-Estoy bien, de verdad.
No te preocupes – le digo para que se tranquilice – Laika es una perra muy bonita.
-Si, es mi compañera
desde hace cinco años, la quiero un montón – dice muy orgulloso
-¿Cómo te llamas? – le
pregunto como de casualidad.
-Me llamo Jonathan, pero
todos me llaman Joni. Y tú, ¿cómo te llamas?
-Me llamo Aithne, pero
todos me llaman Aith.
-No te he visto mucho
por aquí. ¿Eres nueva en el pueblo?
-Pues si, me acabo de
mudar aquí –le contesto con un poco de vergüenza.
-Esto te va a encantar,
ya lo verás – me dice muy contento.
-Es solo curiosidad
pero… ¿cómo sabes que me acabo de mudar?
-Muy fácil. Me habría
acordado de ti si te hubiera visto antes.
-Entonces tú frecuentas
mucho este parque, ¿no?
-Claro, siempre saco a
pasear a Laika por aquí.
-Que bien…, entonces espero que podamos vernos en otra
ocasión porque ahora tengo que irme – me excuso.
-No pasa nada, ya nos
volveremos a ver. Adiós – se despide mientras me alejo.
-Adiós – me despido yo.
¿Será un golpe de suerte
o una casualidad? No me puedo creer que de un golpe en la cabeza haya sacado
algo tan positivo.
Cuando llego a casa Jen
está preparando la mesa para la cena y papá ya ha llegado de trabajar. ¿Os lo
podéis creer? Solo llevamos dos días en el pueblo y papá ya se pasa todo el día
trabajando. En la entrada, me quito los patines y me pongo los zapatos de andar
por casa. Después me siento en la mesa y ceno. En mi familia mientras cenamos o
comemos la televisión y la radio siempre están apagadas porque mi padre dice
que la mesa está para hablar entre nosotros. Así que no me doy cuenta de lo que
estoy contando hasta que ya es demasiado tarde para remendarlo.
-Hoy he ido de paseo con
los patines por el parque de enfrente – empiezo a hablar yo
-¿Te lo has pasado bien?
– pregunta mi padre en cuanto termino de hablar.
-Si mucho he conocido a
un chico y a su perra mientras patinaba –le respondo sin pensar mucho en lo que
digo.
-Y tú, Jenna, ¿Qué has
hecho? – pregunta mi padre a Jenna cambiando de tema
-Destrozar su habitación
en tiempo record – responde mi madre sin dejar hablar a Jen.
-Eso no es cierto - se defiende Jenna.
-Bueno da igual. Mañana
hay que desempaquetar todas nuestras cosas y hacer que esto parezca una casa –
dice mi padre en tono severo.
-Disculpa papá, yo ya he
“recogido” mi habitación y si ayudo por
la mañana con la cocina y el salón, ¿podré salir a patinar por la tarde?, por favor
– le pregunto poniendo la mejor cara de ángel que tengo para que me deje ir.
-Está bien – accede mi
padre picando el cebo como si fuera una sardina.
Después de la cena soy
yo la que recoge los platos y los lleva a la cocina, guardando cada cosa en su
lugar y por último poniendo el lavavajillas. Después de eso me subo a mi
habitación, esperando conciliar el sueño para el largo día que me esperara
mañana.
Pero no puedo dormir,
así que para matar el tiempo cojo uno de los libros de filosofía de mi madre para
poder dormirme, aunque sea, de aburrimiento. Y da resultado. A los diez minutos
de lectura, los ojos, empiezan a pesarme y se me cierran cada vez más.
Cuando me despierto no
oigo ningún sonido por lo que significa que es muy pronto así que no abro los
ojos, dejándolos descansar de la larga noche que han tenido. Pero a diferencia
de los ojos no necesito abrir la nariz para oler y me llega un olorcillo a
chocolate de debajo de mi cabeza. Extrañada abro los ojos y descubro que ya no
estoy en mi habitación, si no en una habitación de caramelos y dulces de todos
sabores, colores y tamaños. Más aun para mi sorpresa ya no estoy en mi cama
estoy en una cama hecha de bizcocho de limón como el que hace mi abuela y de
almohada tengo una nube bañada en chocolate caliente. Vuelvo a cerrar los ojos
con la esperanza de que cuando los abra todo vuelva a la normalidad. Mis
esperanzas no se cumplen y pienso que esto no puede ser real, no, no puede
serlo. Tiene que ser un sueño me digo a mí misma pero si fuera un sueño…
… quiere decir que tengo
mucha imaginación. Me pellizco en el brazo sin pensarlo esperando despertarme,
pero en vano. Así que dejo correr mi mente hacia donde quiera que me haya
traído con el fin de descubrir el significado de este sueño. Mientras me levanto de la cama oigo un pequeño sonido
metálico en el suelo pero no le doy importancia. Yo me veo ridícula caminando
por un sendero de virutas de chocolate y canela mientras veo delante de mí un
barco de galleta dispuesto para cruzar un río de sorbete de limón y hielo
picado.
De la nada sale un
pitido infernal que llena el lugar de ruido y me obliga a taparme los oídos con
las manos y cierro los ojos. Un segundo después ya no oigo nada y me obligo a
abrir los ojos para descubrir que estoy tumbada en mi habitación. Menos mal que
solo ha sido un sueño.
O tal vez no.
Hola, Mey :3 Soy lobo solitario del ask, mi verdadero nombre es Antonio. Me ha gustado bastante tu historia y la verdad, estoy intrigado por ver como sigue. Voy a leer un capitulo cada día para que no se acabe demasiado pronto, espero que la sigas tiene muy buena pinta. Por cierto, Maria es un nombre muy bonito pero me gustaría seguir llamandote Mey si quieres claro. Mucho animo, un abrazo :)
ResponderEliminar