Bajo las escaleras para
desayunar y después de “darme una ducha” me visto, ayudo a colocar los nuevos
muebles y a organizar los detalles del salón y de la cocina. Como me ha sobrado
tiempo me subo a mi habitación y busco una cosa, no la encuentro. No está por
ningún lado ni debajo de la cama, ni entre los libros de mi “biblioteca en
miniatura”, ni en el armario, ni en el escritorio, ni en la mesilla… En resumen,
no está por ningún sitio a no ser que lo metiera en la caja que aún me falta y
me parece que voy a tener que esperar un poco para averiguarlo.
Como no aguanto la
demora voy a la habitación de mis padres y allí la encuentro a ella.
-¿Cuándo traerán los de
la mudanza mi caja? Necesito con urgencia algo que hay dentro – le digo a mi
madre un poco furiosa.
-Llegarán sobre las tres
de la tarde. No te preocupes tanto.
Como no hay más de que
hablar me bajo a ver un poco la televisión pero para mi desgracia no ponen nada
interesante. Apago la televisión y me subo a mi habitación cojo uno de mis
libros dispuesta para irme a leer un rato al mullido césped del parque.
No hay mucha gente en el
parque y podré leer tranquila. Me siento debajo de un árbol y tomo mi libro de
“Romeo y Julieta” por la página en la que me quedé. Durante un rato soy
transportada a esa época pero algo de fuera de ese mundo medieval intenta
llamar mi atención. Para no ser mal educada cierro el libro y miro a aquel ser
que me ha interrumpido y me quedo helada. Es el chico de ayer, pero con algo
diferente. Hoy también lleva a su perra pero en vez de un frisbee lleva un
libro. Se sienta al lado mío y abre su libro. No sé por qué pero siento
curiosidad por saber qué clase de libros le gustan leer.
-¿Qué lees? – le
pregunto sin poder esconder mi curiosidad.
-Viaje al centro de la
Tierra.
-Julio Verne, ¿eh?
-Pues si, ¿y tú?
-Shakespeare, Romeo y
Julieta.
-Ese es todo un clásico
– me contesta.
-Lo sé. Es una historia
preciosa – le digo mientras me pone cara rara – Menos lo de la muerte,
claro – me defiendo – Hubiera sido mejor
si no se murieran al final.
Cuando termina la
conversación, los dos, nos ponemos a leer y durante un rato todo está en
silencio. Cuando llego a la escena quinta cierro el libro, ya he leído
suficiente por ahora. Al escuchar las páginas de mi libro cerrarse con un
sonido sordo, él deja un marcapáginas sobre lo que estaba leyendo y cierra su
libro también. Después deja su libro sobre la hierba y yo hago lo mismo. Nos
miramos mutuamente durante un segundo mientras pienso si decirle algo o no y,
en el caso de decir algo, qué le diría.
-¿Puedo preguntarte
algo? Es sólo por curiosidad – me pregunta hablando él primero y admito que me alegro de ello.
-Claro, dispara.
-Está claro que vas al
instituto, ¿a cuál? – no tengo ni idea de a qué ha venido eso pero la contesto
de todos modos.
-Al instituto que hay a
unas cuantas manzanas de aquí – contesto – Voy a empezar cuarto por si también
querías saberlo – añado.
-¡Qué bien! Vas al mismo
instituto que yo y al mismo curso. Quizá vayamos en la misma clase – me dice
con una sonrisa en la cara.
-Si, me gustaría ir a la
misma clase que tú. ¿Qué te parece si vamos juntos al instituto? – pregunto
algo tímida.
-Sin problema.
Ya me lo estoy
imaginando. Los dos con el uniforme puesto y andando por la calle mientras
vemos a otros muchos estudiantes de camino al mismo instituto.
Me despierta de mi
imaginación un pitido que no para. Pi, pi, pi, pi. Me doy cuenta de que el
sonido sale de mi muñeca izquierda, mejor dicho, el sonido sale del reloj de mi
muñeca izquierda. Apretó los botones correctos y el sonido cesa. Miro la hora y
es tardísimo. Que pena me da tener que irme.
-Dios mío, es tardísimo.
Lo siento, tengo que irme a comer – digo mientras recojo mi libro del suelo.
-No pasa nada, yo
también debería irme a casa. Nos vemos – se despide – ¡Vamos, Laika! – le dice
a su perra.
-Hasta otra.
No me he dado cuenta de
lo rápido que se me ha pasado la mañana. De todas formas ya ha pasado y voy a
esperar a que lleguen los de la mudanza. Aunque me parece que no lo metí en esa
caja.
Cuando llega el camión,
busco mi caja y me subo a mi habitación
con ella en los brazos. Lo dejo sobre mi escritorio y busco unas tijeras
para cortar la cinta adhesiva de la
caja. Cuando la he abierto, recojo cada cosa que hay en su interior y mientras
tanto espero ver aparecer esa cosa que tanto busco, mi collar con la sirena de
plata que tengo desde que nací. Siendo algo tan importante para mí ¿cómo he
podido perderlo? Hasta juraría que no lo metí en ninguna caja, si no que lo
llevaba puesto hasta hace nada. Supongo que ya aparecerá cuando menos me lo
espere en el lugar que menos me espero.
Es casi por la tarde
pero aun falta un rato y como vi nubes en el cielo esta mañana me pregunto si
estará lloviendo, así que miro por la ventana y veo el cielo totalmente
encapotado y casi negro. Las nubes dan la sensación de que casi las puedes
tocar. Voy a uno de los cajones de mi escritorio y cojo mi cámara digital para
fotografiar esas nubes. Me encanta hacer fotos cuando llueve o hay nubes pero a
la vez todo eso me da un poco de miedo.
Supongo que es natural.
-Aithne, Jenna bajad a
cenar – grita mi madre desde el comedor.
Dejo el ordenador sobre
la mesa y bajo las escaleras para ir hasta el comedor. Cuando paso por el
pasillo que da a una gran vidriera me detengo un momento para ver como cae.
Está claro que no saldré a la calle hasta mañana por lo menos.
Qué rica estaba la cena
y además mi padre hoy no ha cenado con nosotras porque tenía la fiesta de
cumpleaños de uno de sus compañeros de trabajo. Cómo no está no sé si debería
quedarme hasta tarde con el ordenador o echarme a dormir a mi hora habitual y
poder sacar mañana temprano a Toby (mi perro). Aun sin tenerlo claro me dejo caer
rendida sobre la cama y me quedo dormida.
Otra vez estoy aquí,
sobre la cama de bizcocho y la almohada de nube y chocolate. Fijo la mirada en
algo que brilla en el suelo junto al lecho, en el suelo. Lo miro con
detenimiento y me quedo helada y, a la vez, siento una gran alegría. Lo cojo y
me lo pongo en su sitio desde donde no tendría que haberse movido nunca. Ahora
el collar vuelve a colgar en mi cuello y me voy a asegurar de no volver a
perderlo.
Noto cómo tiembla el
suelo bajo mis pies y yo también me muevo pero no de un lado a otro, si no,
desde donde estoy hasta el subsuelo. En otras palabras, se ha abierto un
agujero bajo mis pies y me estoy cayendo.
¡Pom! Ay, como me duele
la cabeza. Me he dado un golpe tremendo. Intento levantarme y me doy cuenta de
que inconscientemente tengo la mano derecha cerrada y que en su interior hay
algo. Abro la mano y veo cómo descansa en ella mi collar. ¿Cómo ha llegado
hasta mi mano? Da lo mismo, me lo pongo con la intención de no perderlo otra
vez y miro el reloj. Son las cuatro menos veinte. Demasiado pronto para mi
gusto sacar al perro ahora de paseo. Me vuelvo a meter en la cama y me tapo con
la sábana y una manta medio dormida. Lo último que recuerdo de esa noche es que
cerré los ojos.
Los días pasan rápidos y
pronto me veo metiendo en una mochila lo que vaya a necesitar para el primer
día de instituto. El sol brilla cuando mi madre aparece en mi habitación con la
intención de despertarme para que no llegue tarde a clase. Como me he quedado
dormida me visto con el uniforme, de color azul, y desayuno a toda prisa para
no llegar tarde. Salgo de casa y en el parque me encuentro con Nicko, que
también va hacia el instituto, y nos vamos juntos.
Al llegar allí veo un
montón de gente delante de la puerta principal esperando a que la abran. De
reojo miro como mi hermana llega justo a tiempo para entrar. Dentro del centro
una persona nos dirigió hasta una gran sala donde todos nos sentamos. En frente
de todas las sillas donde nos sentábamos hay una mesa y unos seis profesores
detrás de ella.
-Bienvenidos a un nuevo
curso. Yo soy el director de este centro – dice el más alto de los seis.
-Yo soy Sandra, la jefa
de estudios – dice una mujer menuda que hay a su lado – Ahora os adjudicaremos
las clases. Cuando oigáis vuestro nombre poneros en fila al lado de la puerta y
cuando se hayan nombrado todos los de la clase, el tutor, os acompañará a la
biblioteca a recoger los libros y después a vuestra aula.
- 4º A, con tutor Juan
Pérez… - empieza a decir el director, seguido de los nombres de los alumnos de
esa clase en la que yo no estoy.
Cuando ya están todos en
una fila de unas veinticinco personas, salen de la habitación, seguidas de su
tutor.
- 4º B, con tutora Lucía
Jiménez… -oigo unos seis nombres y el séptimo me hace prestar más atención –
Aithne Gómez, Jonathan Gigirey…
Me levanto y me pongo en
la fila con Nicko detrás de mí. Una vez que ya estamos las veinte personas que
componen la clase en fila, seguimos a la profesora hasta la biblioteca para
recoger nuestros libros y después subimos al segundo piso para entrar en
nuestra aula, aula 214.
-Vamos a sentarnos por
parejas y en orden alfabético, ¿vale? -
dice la profesora mientras nos vamos sentando y por la poca suerte que tengo me
ha tocado al lado de Joni.
-No estamos en primera
pero tampoco en la última fila, supongo que tercera fila no está tan mal. ¿Tú
qué opinas? – me pregunta Joni.
-Para mí es perfecto, no
estas muy cerca del profesor pero tampoco muy lejos.
-Buena conclusión.
Mientras la profesora,
esperando a que nos sentáramos y nos calláramos, se ponía al frente de la clase
de manera que era perfectamente visible desde todos los puntos de esta clase.
-Me llamo Lucía Jiménez
y voy a ser vuestra tutora este año. Algunos de vosotros me conoceréis de otros
años pero para los nuevos debo advertirles que si no me tratan con respeto yo
no me voy a quedar atrás.
-¿Sabes lo de los
asesinatos que echaron el otro día por la tele? – dice Daniela en bajo a su
compañera de al lado, Circe.
-No, cuéntamelo.
-Se han cometido muchas
muertes en Zaragoza y no se han encontrado pistas, ni si quiera saben donde
están los cuerpos. Como está cerca de aquí abra que tener más cuidado. Circe no
vayas sola por la noche, ¿vale?
-Tienes razón.
-Silencio – dice la
profesora interrumpiendo su conversación y dejándome sin más información – Como
iba diciendo, aparte de ser vuestra tutora voy a daros la clase de lengua y
literatura…
Desde ahí dejo de
prestar tanta atención a la tutora porque Joni, a mi lado, se estaba poniendo
muy rígido. ¿Qué le habría molestado
tanto o qué le pasaba? Bueno son cosas de chicos supongo. Y cuando toca el
timbre me dirijo a la salida con Joni dispuesta a volver a casa antes de que
empiece a llover porque a lo largo de la mañana se ha nublado con mucha
rapidez. Todo sea por incrementar mi mala suerte ya de por si muy alta. En el
parque aún y con cinco minutos para llegar a casa oímos un trueno y luego vemos
el destello del relámpago. Que mala suerte la mía.
-Tendremos que darnos
prisa si no queremos llegar a casa chorreando – comenta él al verme poner mala
cara, aunque no es por lo que el piensa ya que si me mojo no creo que llegue
muy lejos.
-Lo sé, no hay tiempo
que perder, vamos.
Y no lo había por muy
poco porque cuando cierro la puerta de mi casa casi me cae una gota de lluvia
encima y si hubiera llegado a pasar no
sabría como explicárselo a nadie.
Después de comer me pongo a hacer los deberes
(forrar libros). Como está lloviendo cuando he terminado, me tumbo en la cama a
reflexionar sobre todo lo que me ha pasado desde que llegué a Utebo.
1º: he tenido más buena
suerte desde que estoy aquí y no sé porque. Debo de tener un duende con su
caldero detrás mío todo el tiempo.
2º: no sé si en este
pueblo saldrá el sol por un día entero así que tendré que tener más cuidado y llevar
encima un paraguas en todo momento.
3º: desde que
conozco a Nicko nunca se había puesto
tan tenso. Me pregunto por qué será.
4º: ese sueño tan raro
que tuve el primer día aquí. Allí perdí mi collar y en el mismo sueño lo
recuperé. Eso es muy raro, demasiado raro hasta para mí.
Hoy tocaba leer el segundo capitulo y me ha encantado. No entiendo demasiado bien la parte del sueño, pero supongo que eso sera algo que se descubra cuando vaya avanzando la historia. Estoy intrigado por los asesinatos, tengo muchas ganas de ver como sigue. Mañana leeré el tercer capitulo, lo estas haciendo genial :)
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