sábado, 30 de noviembre de 2013

CAPITULO 2: LA ESPERA


Bajo las escaleras para desayunar y después de “darme una ducha” me visto, ayudo a colocar los nuevos muebles y a organizar los detalles del salón y de la cocina. Como me ha sobrado tiempo me subo a mi habitación y busco una cosa, no la encuentro. No está por ningún lado ni debajo de la cama, ni entre los libros de mi “biblioteca en miniatura”, ni en el armario, ni en el escritorio, ni en la mesilla… En resumen, no está por ningún sitio a no ser que lo metiera en la caja que aún me falta y me parece que voy a tener que esperar un poco para averiguarlo.
Como no aguanto la demora voy a la habitación de mis padres y allí la encuentro a ella.
-¿Cuándo traerán los de la mudanza mi caja? Necesito con urgencia algo que hay dentro – le digo a mi madre un poco furiosa.
-Llegarán sobre las tres de la tarde. No te preocupes tanto.
Como no hay más de que hablar me bajo a ver un poco la televisión pero para mi desgracia no ponen nada interesante. Apago la televisión y me subo a mi habitación cojo uno de mis libros dispuesta para irme a leer un rato al mullido césped del parque.
No hay mucha gente en el parque y podré leer tranquila. Me siento debajo de un árbol y tomo mi libro de “Romeo y Julieta” por la página en la que me quedé. Durante un rato soy transportada a esa época pero algo de fuera de ese mundo medieval intenta llamar mi atención. Para no ser mal educada cierro el libro y miro a aquel ser que me ha interrumpido y me quedo helada. Es el chico de ayer, pero con algo diferente. Hoy también lleva a su perra pero en vez de un frisbee lleva un libro. Se sienta al lado mío y abre su libro. No sé por qué pero siento curiosidad por saber qué clase de libros le gustan leer.
-¿Qué lees? – le pregunto sin poder esconder mi curiosidad.
-Viaje al centro de la Tierra.
-Julio Verne, ¿eh?
-Pues si, ¿y tú?
-Shakespeare, Romeo y Julieta.
-Ese es todo un clásico – me contesta.
-Lo sé. Es una historia preciosa – le digo mientras me pone cara rara – Menos lo de la muerte, claro  – me defiendo – Hubiera sido mejor si no se murieran al final.
Cuando termina la conversación, los dos, nos ponemos a leer y durante un rato todo está en silencio. Cuando llego a la escena quinta cierro el libro, ya he leído suficiente por ahora. Al escuchar las páginas de mi libro cerrarse con un sonido sordo, él deja un marcapáginas sobre lo que estaba leyendo y cierra su libro también. Después deja su libro sobre la hierba y yo hago lo mismo. Nos miramos mutuamente durante un segundo mientras pienso si decirle algo o no y, en el caso de decir algo, qué le diría.
-¿Puedo preguntarte algo? Es sólo por curiosidad – me pregunta hablando él primero y                admito que me alegro de ello.
-Claro, dispara.
-Está claro que vas al instituto, ¿a cuál? – no tengo ni idea de a qué ha venido eso pero la contesto de todos modos.
-Al instituto que hay a unas cuantas manzanas de aquí – contesto – Voy a empezar cuarto por si también querías saberlo – añado.
-¡Qué bien! Vas al mismo instituto que yo y al mismo curso. Quizá vayamos en la misma clase – me dice con una sonrisa en la cara.
-Si, me gustaría ir a la misma clase que tú. ¿Qué te parece si vamos juntos al instituto? – pregunto algo tímida.
-Sin problema.
Ya me lo estoy imaginando. Los dos con el uniforme puesto y andando por la calle mientras vemos a otros muchos estudiantes de camino al mismo instituto.
Me despierta de mi imaginación un pitido que no para. Pi, pi, pi, pi. Me doy cuenta de que el sonido sale de mi muñeca izquierda, mejor dicho, el sonido sale del reloj de mi muñeca izquierda. Apretó los botones correctos y el sonido cesa. Miro la hora y es tardísimo. Que pena me da tener que irme.
-Dios mío, es tardísimo. Lo siento, tengo que irme a comer – digo mientras recojo mi libro del suelo.
-No pasa nada, yo también debería irme a casa. Nos vemos – se despide – ¡Vamos, Laika! – le dice a su perra.
-Hasta otra.

No me he dado cuenta de lo rápido que se me ha pasado la mañana. De todas formas ya ha pasado y voy a esperar a que lleguen los de la mudanza. Aunque me parece que no lo metí en esa caja.  
Cuando llega el camión, busco mi caja y me subo a mi habitación  con ella en los brazos. Lo dejo sobre mi escritorio y busco unas tijeras para cortar la cinta adhesiva  de la caja. Cuando la he abierto, recojo cada cosa que hay en su interior y mientras tanto espero ver aparecer esa cosa que tanto busco, mi collar con la sirena de plata que tengo desde que nací. Siendo algo tan importante para mí ¿cómo he podido perderlo? Hasta juraría que no lo metí en ninguna caja, si no que lo llevaba puesto hasta hace nada. Supongo que ya aparecerá cuando menos me lo espere en el lugar que menos me espero.
Es casi por la tarde pero aun falta un rato y como vi nubes en el cielo esta mañana me pregunto si estará lloviendo, así que miro por la ventana y veo el cielo totalmente encapotado y casi negro. Las nubes dan la sensación de que casi las puedes tocar. Voy a uno de los cajones de mi escritorio y cojo mi cámara digital para fotografiar esas nubes. Me encanta hacer fotos cuando llueve o hay nubes pero a la vez todo eso  me da un poco de miedo. Supongo que es natural.
-Aithne, Jenna bajad a cenar – grita mi madre desde el comedor.
Dejo el ordenador sobre la mesa y bajo las escaleras para ir hasta el comedor. Cuando paso por el pasillo que da a una gran vidriera me detengo un momento para ver como cae. Está claro que no saldré a la calle hasta mañana por lo menos.
Qué rica estaba la cena y además mi padre hoy no ha cenado con nosotras porque tenía la fiesta de cumpleaños de uno de sus compañeros de trabajo. Cómo no está no sé si debería quedarme hasta tarde con el ordenador o echarme a dormir a mi hora habitual y poder sacar mañana temprano a Toby (mi perro). Aun sin tenerlo claro me dejo caer rendida sobre la cama y me quedo dormida.

Otra vez estoy aquí, sobre la cama de bizcocho y la almohada de nube y chocolate. Fijo la mirada en algo que brilla en el suelo junto al lecho, en el suelo. Lo miro con detenimiento y me quedo helada y, a la vez, siento una gran alegría. Lo cojo y me lo pongo en su sitio desde donde no tendría que haberse movido nunca. Ahora el collar vuelve a colgar en mi cuello y me voy a asegurar de no volver a perderlo.
Noto cómo tiembla el suelo bajo mis pies y yo también me muevo pero no de un lado a otro, si no, desde donde estoy hasta el subsuelo. En otras palabras, se ha abierto un agujero bajo mis pies y me estoy cayendo.

¡Pom! Ay, como me duele la cabeza. Me he dado un golpe tremendo. Intento levantarme y me doy cuenta de que inconscientemente tengo la mano derecha cerrada y que en su interior hay algo. Abro la mano y veo cómo descansa en ella mi collar. ¿Cómo ha llegado hasta mi mano? Da lo mismo, me lo pongo con la intención de no perderlo otra vez y miro el reloj. Son las cuatro menos veinte. Demasiado pronto para mi gusto sacar al perro ahora de paseo. Me vuelvo a meter en la cama y me tapo con la sábana y una manta medio dormida. Lo último que recuerdo de esa noche es que cerré los ojos.
Los días pasan rápidos y pronto me veo metiendo en una mochila lo que vaya a necesitar para el primer día de instituto. El sol brilla cuando mi madre aparece en mi habitación con la intención de despertarme para que no llegue tarde a clase. Como me he quedado dormida me visto con el uniforme, de color azul, y desayuno a toda prisa para no llegar tarde. Salgo de casa y en el parque me encuentro con Nicko, que también va hacia el instituto, y nos vamos juntos.
Al llegar allí veo un montón de gente delante de la puerta principal esperando a que la abran. De reojo miro como mi hermana llega justo a tiempo para entrar. Dentro del centro una persona nos dirigió hasta una gran sala donde todos nos sentamos. En frente de todas las sillas donde nos sentábamos hay una mesa y unos seis profesores detrás de ella.
-Bienvenidos a un nuevo curso. Yo soy el director de este centro – dice el más alto de los seis.
-Yo soy Sandra, la jefa de estudios – dice una mujer menuda que hay a su lado – Ahora os adjudicaremos las clases. Cuando oigáis vuestro nombre poneros en fila al lado de la puerta y cuando se hayan nombrado todos los de la clase, el tutor, os acompañará a la biblioteca a recoger los libros y después a vuestra aula.
- 4º A, con tutor Juan Pérez… - empieza a decir el director, seguido de los nombres de los alumnos de esa clase en la que yo no estoy.
Cuando ya están todos en una fila de unas veinticinco personas, salen de la habitación, seguidas de su tutor.
- 4º B, con tutora Lucía Jiménez… -oigo unos seis nombres y el séptimo me hace prestar más atención – Aithne Gómez, Jonathan Gigirey…
Me levanto y me pongo en la fila con Nicko detrás de mí. Una vez que ya estamos las veinte personas que componen la clase en fila, seguimos a la profesora hasta la biblioteca para recoger nuestros libros y después subimos al segundo piso para entrar en nuestra aula, aula 214.
-Vamos a sentarnos por parejas y en orden alfabético, ¿vale?  - dice la profesora mientras nos vamos sentando y por la poca suerte que tengo me ha tocado al lado de Joni.
-No estamos en primera pero tampoco en la última fila, supongo que tercera fila no está tan mal. ¿Tú qué opinas? – me pregunta Joni.
-Para mí es perfecto, no estas muy cerca del profesor pero tampoco muy lejos.
-Buena conclusión.
Mientras la profesora, esperando a que nos sentáramos y nos calláramos, se ponía al frente de la clase de manera que era perfectamente visible desde todos los puntos de esta clase.
-Me llamo Lucía Jiménez y voy a ser vuestra tutora este año. Algunos de vosotros me conoceréis de otros años pero para los nuevos debo advertirles que si no me tratan con respeto yo no me voy a quedar atrás.
-¿Sabes lo de los asesinatos que echaron el otro día por la tele? – dice Daniela en bajo a su compañera de al lado, Circe.
-No, cuéntamelo.
-Se han cometido muchas muertes en Zaragoza y no se han encontrado pistas, ni si quiera saben donde están los cuerpos. Como está cerca de aquí abra que tener más cuidado. Circe no vayas sola por la noche, ¿vale?
-Tienes razón.  
-Silencio – dice la profesora interrumpiendo su conversación y dejándome sin más información – Como iba diciendo, aparte de ser vuestra tutora voy a daros la clase de lengua y literatura…
Desde ahí dejo de prestar tanta atención a la tutora porque Joni, a mi lado, se estaba poniendo muy  rígido. ¿Qué le habría molestado tanto o qué le pasaba? Bueno son cosas de chicos supongo. Y cuando toca el timbre me dirijo a la salida con Joni dispuesta a volver a casa antes de que empiece a llover porque a lo largo de la mañana se ha nublado con mucha rapidez. Todo sea por incrementar mi mala suerte ya de por si muy alta. En el parque aún y con cinco minutos para llegar a casa oímos un trueno y luego vemos el destello del relámpago. Que mala suerte la mía.
-Tendremos que darnos prisa si no queremos llegar a casa chorreando – comenta él al verme poner mala cara, aunque no es por lo que el piensa ya que si me mojo no creo que llegue muy lejos.
-Lo sé, no hay tiempo que perder, vamos.
Y no lo había por muy poco porque cuando cierro la puerta de mi casa casi me cae una gota de lluvia encima y si  hubiera llegado a pasar no sabría como explicárselo a nadie.
 Después de comer me pongo a hacer los deberes (forrar libros). Como está lloviendo cuando he terminado, me tumbo en la cama a reflexionar sobre todo lo que me ha pasado desde que llegué a Utebo.
1º: he tenido más buena suerte desde que estoy aquí y no sé porque. Debo de tener un duende con su caldero detrás mío todo el tiempo.
2º: no sé si en este pueblo saldrá el sol por un día entero así que tendré que tener más cuidado y llevar encima un paraguas en todo momento.
3º: desde que conozco  a Nicko nunca se había puesto tan tenso. Me pregunto por qué será.
4º: ese sueño tan raro que tuve el primer día aquí. Allí perdí mi collar y en el mismo sueño lo recuperé. Eso es muy raro, demasiado raro hasta para mí.


1 comentario:

  1. Hoy tocaba leer el segundo capitulo y me ha encantado. No entiendo demasiado bien la parte del sueño, pero supongo que eso sera algo que se descubra cuando vaya avanzando la historia. Estoy intrigado por los asesinatos, tengo muchas ganas de ver como sigue. Mañana leeré el tercer capitulo, lo estas haciendo genial :)

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