sábado, 30 de noviembre de 2013

CAPITULO 10: ENTRENAMIENTO


El lunes por la tarde, después de comer, me dirijo a casa de Nicko y su familia para comenzar mi entrenamiento y poder dominar los poderes que me han sido otorgados aunque no los haya pedido. Nicko sale a mi encuentro, como siempre, a la verja de su casa hoy seguido de cerca por Diona. Paso al interior de la casa y me conducen a una habitación con pocos muebles: unas cuantas sillas, varias mesas con vasos llenos de agua encima y varios objetos sólidos como unos cuantos cubos de madera y otros de hierro puro y varios jarrones con flores. Sus otros hermanos y sus padres, debo decir que hasta Laika está presente, nos están esperando para empezar.
-Todos los aquí presentes poseemos algún poder – comienza Ondina que es la que nos va a instruir – Voy a enseñaros a controlarlo, aunque casi todos ya lo hacéis.
-Ondina controla el fuego, lo crea y lo apaga. Francisco es empático. Dionisia ve el futuro. Alastair puede meter en tu cabeza todo lo que quiera, sea verdad o mentira. Jordi puede hablar con animales y plantas y hacer que le entiendan. Jorgina mueve las partículas, cuando las para las congela y cuando las acelera explotan – me susurra Nicko contándome las habilidades de su familia, todas menos la suya – Por supuesto ya te conté el mío – añade.
-Lo más importante siempre es visualizar el resultado en tu mente – continúa Ondina. Y extiende la mano en la que, un segundo después, está ardiendo una pequeña llama.
-Mi turno – dice Jorge – Nicko lánzame un cubo de madera.
Con sus poderes, Nicko, mueve el cubo de madera que sale despedido por la habitación y Jorge, con un movimiento de manos, lo deja suspendiéndolo en el aire. Con otro movimiento de manos, contrario al anterior, lo hace estallar en mil pedazos que salen volando por la habitación en medio de una minúscula explosión. Menudo poder más ofensivo, espero que no lo utilice en contra mío.
-Inténtalo tú – me animan.
Me concentro todo lo que puedo e imagino en mi mente que el agua de uno de los vasos de la mesa se evapora. Sin embargo, a diferencia de mi mente, en la realidad no ocurre nada. Lo intento otra vez, sin cambios. Y otra más, nada. Lo vuelvo a intentar otras seis veces y desisto.
-No lo conseguiré nunca.
-Inténtalo otra vez, busca una motivación para que te salga. Dijiste que te sale cuando te enfadas, ¿no? Pues busca un recuerdo que te haga enfadar y concéntrate en tu objetivo.
Me concentro en las terribles palabras que me dijo Jorge en el parque de atracciones:
“No lo logrará a tiempo y se entristecerá tanto que congelará el agua de todas las atracciones acuáticas en las que, por supuesto, seguirá habiendo gente inocente que morirá y la acción se repetirá continuamente. Es una inútil” dijo. Y ahora, con la rabia corriendo en mis venas, me concentro en el vaso más próximo a mí. No pasa nada.
-Prueba otra vez. No te rindas.
Me vuelvo a concentrar, ahora intentando olvidar que siete vampiros controlan mis movimientos. Evaporo el agua del primer vaso y miro el siguiente. También sale volando el agua. Por fin puedo dominar una parte de mis poderes.
-¡Lo he conseguido! – grito eufórica.
-Claro que si. Prueba a congelar un par de vasos.
Escojo un momento muy trágico de mi vida: el temor y la tristeza que sentí cuando Nicko descubrió mi secreto hace unas semanas. Me concentro en él intensamente y fijo la mirada en uno de los vasos llenos. Casi al instante de mirarlo está totalmente sólido, dejando también un poco de la superficie de la mesa con hielo. Siento un poco de aturdimiento, eso me ha costado un poco. Pruebo con el siguiente vaso y vuelve a pasar lo mismo. Genial, ya lo domino casi todo aunque ahora tambaleándome un poco.
-Probemos con la humedad. Te pasa cuando estás nervosa o agitada así que prueba a pensar en algo de suma importancia, tienden a generar nerviosismo y una aceleración del ritmo cardíaco. Eso no lo tengas en cuentas con los vampiros, no nos late el corazón.
Pensar en algo de suma importancia. Por ejemplo el momento de la coca-cola en el parque de atracciones en el que casi me descubren como sirena en público, de no ser por Nicko ahora estaría en un estanque de algún laboratorio científico. La clave para la humedad es la urgencia, con las prisas te suben las pulsaciones… Lo intento y lleno la sala de la humedad generada por la urgencia de mi cabeza, aunque más que acelerar mi corazón va cada vez más despacio. Me caigo al suelo sintiendo que mis piernas no me van a sostener y me voy desplomando lentamente, cerrando los ojos y viendo el techo como la última de las imágenes antes de desfallecer.
Me despierto en un sofá, un sofá para tres personas. Abro y cierro los ojos hasta que consigo el enfoque adecuado. Me llevo la mano a la cabeza, como me duele. No me acuerdo de nada…
-¿Qué ha pasado? – pregunto confusa.
-Te has desmayado. Lo siento, te hemos hecho esforzarte demasiado aunque veíamos como ibas perdiendo la conciencia poco a poco.
Levanto las cejas, aún confusa, y miro a mí alrededor. La luz proveniente de la ventana me dice que es tarde y que debo irme pese a que mis deseos son opuestos. Me intento levantar pero una presión en mi pecho me impide hacerlo. 
Nicko está intentando decirme que me quede tumbada un poco más. Haciendo caso omiso a su petición me incorporo y rememoro los últimos acontecimientos en mi cabeza. Todo es tan confuso e irreal. ¡Yo dominando mis poderes! Pero aunque no me lo puedo creer ha ocurrido de verdad y, al parecer, necesito practicar mucho para no perder el conocimiento cuando domino mis poderes. Si me paro un momento a pensar me doy cuenta de que esta familia no tiene uno o dos poderes sino que cada uno tiene el suyo propio, único e inigualable y que todos pueden controlarlo menos yo.
-¿Quieres acompañarme o me voy yo sola?
-¿A dónde? – pregunta confuso.
-A casa, es decir, a mi casa. Puedo irme yo sola si no  quieres acompañarme. Sé cuidar de mi misma.
-Eso lo dudo. Te acompañare y me sentiré más tranquilo.
-Lo de hoy no ha sido nada, ya verás como mañana lo hago mejor.
-¿Mañana? No, descansa un poco. Ya has hecho suficientes esfuerzos por ahora.
-Si, mamá – le digo riéndome un poco de él.
Cuando llego a mi casa todo está como siempre, me despido y subo a mi habitación hasta la hora de la cena. Cuando ésta ha acabado caigo rendida sobre la cama, vestida y todo, sumergiéndome en otro de mis extraños sueños reveladores.
Fuego, lo primero que veo al abrir los ojos es fuego. Las llamas suben y bajan llenando la habitación de un calor y un ambiente sofocante. Lentamente las llamas avanzan hasta mi situación y empiezan a quemarme provocándome un gran dolor allí donde el fuego tica mi piel. Debo salir rápidamente de aquí antes de parecer un pollo asado en Navidad, quemándome viva. Empieza a sonar una orquesta de no sé donde que va al ritmo de las llamas. ¡Menudo momento para escuchar música clásica! Cuando intento salir de allí dentro un cuerpo se pone entre la puerta y yo, es Nicko. ¿Nicko? ¿Qué hace él aquí? ¿Por qué no me deja salir? Me agarra fuertemente con sus brazos para que, aunque lo intente, no me pueda soltar de su abrazo mortal. Todo es tan surrealista… Todo ocurre en un lugar no muy definido pero cerrado y con una orquesta de fondo.
-Déjame salir de aquí – le suplico en otro intento de librarme de él.
-No puedo, si te suelto morirás.
-Moriré si no salgo de aquí rápido.
-Lo siento pero no puedo dejarte marchar de mi lado.
La mañana del martes me despierto empapada de sudor y con los penetrantes rayos del sol en toda mi cara. Menuda noche he pasado, pensaba que viviría para contarlo. ¿Pero qué estoy diciendo? Si solo era un sueño. Un sueño no, era una pesadilla. Una horrible pesadilla que no quiero volver a tener.
Me visto y, como de costumbre, bajo a desayunar. En el desayuno mi madre me comunica algo que no me apetece mucho ahora.
-Te hemos apuntado a clases de violín como cuando vivíamos en Cullera hasta que nos mudamos aquí.
-¡No! ¿Por qué lo habéis hecho? Ya han empezado los cursos de violín y voy a entrar casi a mitad del trimestre.
-Tocas desde que tienes memoria, no me digas que no puedes ponerte al ritmo de un par de meses sin practicar. Además ya está hecho y no hay más que hablar.
-Está bien, mamá. ¿Qué días son? – le pregunto resignada.
-Los martes, los miércoles y los jueves de siete a nueve de la tarde.
-¿Dos horas seguidas? Solo iré si me apuntas también al club de arte.
-Tú ganas. Pero sabes que me gusta oírte tocar, hace mucho que no coges tu violín.
La discusión termina aquí y cojo mis cosas para irme al instituto. Miro hacia el cielo en cuanto salgo por la puerta y veo una pequeña bola de color apagado y lejano. No hace mucho sol pero si creo unas cuantas nubes condensando un poco de agua no creo que nadie vaya a molestarse. Así Nicko podrá salir de casa el día de su no sé cuantos cumpleaños y podremos disfrutarlo juntos.
-¿Pillaste la indirecta? – le digo en cuanto lo veo llegando al centro.
-Muy sutil al crear unas cuantas nubes. Gracias por dejarme salir hoy.
-De nada. Tengo que practicar para esta tarde.
-¿Esta tarde? – ya le dije que iría todas las tardes a practicar y teniendo memoria de vampiro no se acuerda, está peor que yo.
-Si, para el entrenamiento en tu casa.
-Te dije que descansaras hoy, eso podemos hacerlo en cualquier otro momento.
-No. Eso me recuerda que solo estaré hasta las siete menos cuarto, después tengo violín – me mira sorprendido – Mejor no preguntes.
-Vale, entonces entremos a clase.
-Se me olvidaba… ¡Feliz no sé cuantos cumpleaños!
-No te voy a decir mi edad – contesta adivinando mis intenciones.
Por la tarde en su casa todo va muy bien. He conseguido todos mis propósitos con mis poderes, claro que no me han hecho hacer tanto como ayer. Y a las siete menos cuarto me encamino hasta el polifuncional donde tienen lugar las clases de violín.
Al entrar por la puerta del aula Daniela está sentada frente un piano y Circe de pie con una flauta travesera. Saco el violín del estuche y me pongo de pie frente la partitura.
Empezamos a tocar una obra que no conocía hasta hace muy poco. Al cabo unos diez minutos reconozco la obra, es la misma que tocaba la orquesta en mi sueño al ritmo de las llamas. Si esto se ha hecho realidad significa que… que me voy a morir en un incendio a manos de Nicko. Eso ya si que no me lo creo tanto pero no sé que pensar ya que mis extraños sueños suelen ser luego verdad. De todas maneras sigo sin poder creerme que Nicko quiera matarme, no tiene motivos para hacerlo.
No dejo de pensar en eso durante toda la clase, distrayéndome y haciendo que falle en algunas notas dejando la melodía descompuesta y diferente a como tendría que sonar en realidad. Necesito consultarlo y contrastar ideas para convencerme a mí misma que estoy volviéndome loca y que es todo una pesadilla que ha creado mi cabeza para atormentarme todo cuanto le sea posible. Pero, si por lo contrario, están de acuerdo conmigo en mis sueños premonitorios deberé alejarme de Nicko todo cuanto me sea posible para que no pueda cumplirse, aunque desearía que hubiera otra manera.
Además se supone que la que ve el futuro es Dionisia, no yo. Pero como tampoco conozco a ninguna otra sirena no puedo decir si es algo que poseemos todas o es específico en cada una. Lo único que sé a ciencia cierta es que si se cumple voy a tener que controlar un poco mis sueños para que no pasen cosas raras.
De momento voy a casa y mañana, ya si eso, consulto con Nicko y su familia. Espero que ellos puedan darme alguna solución a mi pequeño problema, una que yo no consigo ver.
















No hay comentarios:

Publicar un comentario