El lunes por la tarde,
después de comer, me dirijo a casa de Nicko y su familia para comenzar mi
entrenamiento y poder dominar los poderes que me han sido otorgados aunque no
los haya pedido. Nicko sale a mi encuentro, como siempre, a la verja de su casa
hoy seguido de cerca por Diona. Paso al interior de la casa y me conducen a una
habitación con pocos muebles: unas cuantas sillas, varias mesas con vasos
llenos de agua encima y varios objetos sólidos como unos cuantos cubos de
madera y otros de hierro puro y varios jarrones con flores. Sus otros hermanos
y sus padres, debo decir que hasta Laika está presente, nos están esperando
para empezar.
-Todos los aquí
presentes poseemos algún poder – comienza Ondina que es la que nos va a
instruir – Voy a enseñaros a controlarlo, aunque casi todos ya lo hacéis.
-Ondina controla el
fuego, lo crea y lo apaga. Francisco es empático. Dionisia ve el futuro.
Alastair puede meter en tu cabeza todo lo que quiera, sea verdad o mentira.
Jordi puede hablar con animales y plantas y hacer que le entiendan. Jorgina
mueve las partículas, cuando las para las congela y cuando las acelera explotan
– me susurra Nicko contándome las habilidades de su familia, todas menos la
suya – Por supuesto ya te conté el mío – añade.
-Lo más importante siempre
es visualizar el resultado en tu mente – continúa Ondina. Y extiende la mano en
la que, un segundo después, está ardiendo una pequeña llama.
-Mi turno – dice Jorge –
Nicko lánzame un cubo de madera.
Con sus poderes, Nicko,
mueve el cubo de madera que sale despedido por la habitación y Jorge, con un
movimiento de manos, lo deja suspendiéndolo en el aire. Con otro movimiento de
manos, contrario al anterior, lo hace estallar en mil pedazos que salen volando
por la habitación en medio de una minúscula explosión. Menudo poder más
ofensivo, espero que no lo utilice en contra mío.
-Inténtalo tú – me
animan.
Me concentro todo lo que
puedo e imagino en mi mente que el agua de uno de los vasos de la mesa se
evapora. Sin embargo, a diferencia de mi mente, en la realidad no ocurre nada.
Lo intento otra vez, sin cambios. Y otra más, nada. Lo vuelvo a intentar otras
seis veces y desisto.
-No lo conseguiré nunca.
-Inténtalo otra vez,
busca una motivación para que te salga. Dijiste que te sale cuando te enfadas,
¿no? Pues busca un recuerdo que te haga enfadar y concéntrate en tu objetivo.
Me concentro en las
terribles palabras que me dijo Jorge en el parque de atracciones:
“No lo logrará a tiempo
y se entristecerá tanto que congelará el agua de todas las atracciones acuáticas
en las que, por supuesto, seguirá habiendo gente inocente que morirá y la
acción se repetirá continuamente. Es una inútil” dijo. Y ahora, con la rabia
corriendo en mis venas, me concentro en el vaso más próximo a mí. No pasa nada.
-Prueba otra vez. No te
rindas.
Me vuelvo a concentrar,
ahora intentando olvidar que siete vampiros controlan mis movimientos. Evaporo
el agua del primer vaso y miro el siguiente. También sale volando el agua. Por
fin puedo dominar una parte de mis poderes.
-¡Lo he conseguido! –
grito eufórica.
-Claro que si. Prueba a
congelar un par de vasos.
Escojo un momento muy
trágico de mi vida: el temor y la tristeza que sentí cuando Nicko descubrió mi
secreto hace unas semanas. Me concentro en él intensamente y fijo la mirada en
uno de los vasos llenos. Casi al instante de mirarlo está totalmente sólido,
dejando también un poco de la superficie de la mesa con hielo. Siento un poco
de aturdimiento, eso me ha costado un poco. Pruebo con el siguiente vaso y
vuelve a pasar lo mismo. Genial, ya lo domino casi todo aunque ahora
tambaleándome un poco.
-Probemos con la
humedad. Te pasa cuando estás nervosa o agitada así que prueba a pensar en algo
de suma importancia, tienden a generar nerviosismo y una aceleración del ritmo
cardíaco. Eso no lo tengas en cuentas con los vampiros, no nos late el corazón.
Pensar en algo de suma
importancia. Por ejemplo el momento de la coca-cola en el parque de atracciones
en el que casi me descubren como sirena en público, de no ser por Nicko ahora
estaría en un estanque de algún laboratorio científico. La clave para la
humedad es la urgencia, con las prisas te suben las pulsaciones… Lo intento y
lleno la sala de la humedad generada por la urgencia de mi cabeza, aunque más
que acelerar mi corazón va cada vez más despacio. Me caigo al suelo sintiendo
que mis piernas no me van a sostener y me voy desplomando lentamente, cerrando
los ojos y viendo el techo como la última de las imágenes antes de desfallecer.
Me despierto en un sofá,
un sofá para tres personas. Abro y cierro los ojos hasta que consigo el enfoque
adecuado. Me llevo la mano a la cabeza, como me duele. No me acuerdo de nada…
-¿Qué ha pasado? –
pregunto confusa.
-Te has desmayado. Lo
siento, te hemos hecho esforzarte demasiado aunque veíamos como ibas perdiendo
la conciencia poco a poco.
Levanto las cejas, aún
confusa, y miro a mí alrededor. La luz proveniente de la ventana me dice que es
tarde y que debo irme pese a que mis deseos son opuestos. Me intento levantar
pero una presión en mi pecho me impide hacerlo.
Nicko está intentando
decirme que me quede tumbada un poco más. Haciendo caso omiso a su petición me
incorporo y rememoro los últimos acontecimientos en mi cabeza. Todo es tan
confuso e irreal. ¡Yo dominando mis poderes! Pero aunque no me lo puedo creer
ha ocurrido de verdad y, al parecer, necesito practicar mucho para no perder el
conocimiento cuando domino mis poderes. Si me paro un momento a pensar me doy
cuenta de que esta familia no tiene uno o dos poderes sino que cada uno tiene
el suyo propio, único e inigualable y que todos pueden controlarlo menos yo.
-¿Quieres acompañarme o
me voy yo sola?
-¿A dónde? – pregunta
confuso.
-A casa, es decir, a mi
casa. Puedo irme yo sola si no quieres
acompañarme. Sé cuidar de mi misma.
-Eso lo dudo. Te acompañare
y me sentiré más tranquilo.
-Lo de hoy no ha sido
nada, ya verás como mañana lo hago mejor.
-¿Mañana? No, descansa
un poco. Ya has hecho suficientes esfuerzos por ahora.
-Si, mamá – le digo
riéndome un poco de él.
Cuando llego a mi casa
todo está como siempre, me despido y subo a mi habitación hasta la hora de la
cena. Cuando ésta ha acabado caigo rendida sobre la cama, vestida y todo,
sumergiéndome en otro de mis extraños sueños reveladores.
Fuego, lo primero que
veo al abrir los ojos es fuego. Las llamas suben y bajan llenando la habitación
de un calor y un ambiente sofocante. Lentamente las llamas avanzan hasta mi
situación y empiezan a quemarme provocándome un gran dolor allí donde el fuego
tica mi piel. Debo salir rápidamente de aquí antes de parecer un pollo asado en
Navidad, quemándome viva. Empieza a sonar una orquesta de no sé donde que va al
ritmo de las llamas. ¡Menudo momento para escuchar música clásica! Cuando
intento salir de allí dentro un cuerpo se pone entre la puerta y yo, es Nicko. ¿Nicko?
¿Qué hace él aquí? ¿Por qué no me deja salir? Me agarra fuertemente con sus
brazos para que, aunque lo intente, no me pueda soltar de su abrazo mortal.
Todo es tan surrealista… Todo ocurre en un lugar no muy definido pero cerrado y
con una orquesta de fondo.
-Déjame salir de aquí –
le suplico en otro intento de librarme de él.
-No puedo, si te suelto
morirás.
-Moriré si no salgo de
aquí rápido.
-Lo siento pero no puedo
dejarte marchar de mi lado.
La mañana del martes me
despierto empapada de sudor y con los penetrantes rayos del sol en toda mi
cara. Menuda noche he pasado, pensaba que viviría para contarlo. ¿Pero qué
estoy diciendo? Si solo era un sueño. Un sueño no, era una pesadilla. Una
horrible pesadilla que no quiero volver a tener.
Me visto y, como de
costumbre, bajo a desayunar. En el desayuno mi madre me comunica algo que no me
apetece mucho ahora.
-Te hemos apuntado a
clases de violín como cuando vivíamos en Cullera hasta que nos mudamos aquí.
-¡No! ¿Por qué lo habéis
hecho? Ya han empezado los cursos de violín y voy a entrar casi a mitad del
trimestre.
-Tocas desde que tienes
memoria, no me digas que no puedes ponerte al ritmo de un par de meses sin
practicar. Además ya está hecho y no hay más que hablar.
-Está bien, mamá. ¿Qué
días son? – le pregunto resignada.
-Los martes, los
miércoles y los jueves de siete a nueve de la tarde.
-¿Dos horas seguidas?
Solo iré si me apuntas también al club de arte.
-Tú ganas. Pero sabes
que me gusta oírte tocar, hace mucho que no coges tu violín.
La discusión termina
aquí y cojo mis cosas para irme al instituto. Miro hacia el cielo en cuanto
salgo por la puerta y veo una pequeña bola de color apagado y lejano. No hace
mucho sol pero si creo unas cuantas nubes condensando un poco de agua no creo
que nadie vaya a molestarse. Así Nicko podrá salir de casa el día de su no sé
cuantos cumpleaños y podremos disfrutarlo juntos.
-¿Pillaste la indirecta?
– le digo en cuanto lo veo llegando al centro.
-Muy sutil al crear unas
cuantas nubes. Gracias por dejarme salir hoy.
-De nada. Tengo que
practicar para esta tarde.
-¿Esta tarde? – ya le
dije que iría todas las tardes a practicar y teniendo memoria de vampiro no se
acuerda, está peor que yo.
-Si, para el
entrenamiento en tu casa.
-Te dije que descansaras
hoy, eso podemos hacerlo en cualquier otro momento.
-No. Eso me recuerda que
solo estaré hasta las siete menos cuarto, después tengo violín – me mira
sorprendido – Mejor no preguntes.
-Vale, entonces entremos
a clase.
-Se me olvidaba… ¡Feliz
no sé cuantos cumpleaños!
-No te voy a decir mi
edad – contesta adivinando mis intenciones.
Por la tarde en su casa
todo va muy bien. He conseguido todos mis propósitos con mis poderes, claro que
no me han hecho hacer tanto como ayer. Y a las siete menos cuarto me encamino
hasta el polifuncional donde tienen lugar las clases de violín.
Al entrar por la puerta
del aula Daniela está sentada frente un piano y Circe de pie con una flauta
travesera. Saco el violín del estuche y me pongo de pie frente la partitura.
Empezamos a tocar una
obra que no conocía hasta hace muy poco. Al cabo unos diez minutos reconozco la
obra, es la misma que tocaba la orquesta en mi sueño al ritmo de las llamas. Si
esto se ha hecho realidad significa que… que me voy a morir en un incendio a
manos de Nicko. Eso ya si que no me lo creo tanto pero no sé que pensar ya que
mis extraños sueños suelen ser luego verdad. De todas maneras sigo sin poder
creerme que Nicko quiera matarme, no tiene motivos para hacerlo.
No dejo de pensar en eso
durante toda la clase, distrayéndome y haciendo que falle en algunas notas
dejando la melodía descompuesta y diferente a como tendría que sonar en
realidad. Necesito consultarlo y contrastar ideas para convencerme a mí misma
que estoy volviéndome loca y que es todo una pesadilla que ha creado mi cabeza
para atormentarme todo cuanto le sea posible. Pero, si por lo contrario, están
de acuerdo conmigo en mis sueños premonitorios deberé alejarme de Nicko todo
cuanto me sea posible para que no pueda cumplirse, aunque desearía que hubiera
otra manera.
Además se supone que la
que ve el futuro es Dionisia, no yo. Pero como tampoco conozco a ninguna otra
sirena no puedo decir si es algo que poseemos todas o es específico en cada
una. Lo único que sé a ciencia cierta es que si se cumple voy a tener que controlar
un poco mis sueños para que no pasen cosas raras.
De momento voy a casa y
mañana, ya si eso, consulto con Nicko y su familia. Espero que ellos puedan
darme alguna solución a mi pequeño problema, una que yo no consigo ver.