sábado, 30 de noviembre de 2013

CAPITULO 8: FELICIDADES NICKO


Dos días han pasado desde que volví a casa y hoy en el instituto Nicko no para de preguntarme cómo estoy. No es para tanto, solo un gran corte en la pierna derecha.
-Este sábado celebro mi cumpleaños y me gustaría invitarte a mi casa para celebrarlo con la familia – dice Nicko mientras volvemos a casa.
-No sé, el último fin de semana estuve encerrada en dos habitaciones y no pude moverme.
-No volveremos a hacerlo mientras sigas sin hacerte daño, pececillo – y se ríe un poco. Yo, por mi parte, le doy un codazo en las costillas aunque me dejará un moratón.
-Vale, ¿qué vamos a hacer?
-Ponte el bañador, es una fiesta en la piscina – y se vuelve a reír.
¿Es ciego o me estoy equivocando con su gemelo malvado? No lo entiendo, soy una sirena. No me puede tocar el agua y él va y me invita a una fiesta en la piscina de su casa con su familia vampírica alrededor.
-Pero es octubre y hace frío.
-No te preocupes por eso, será en la piscina climatizada – supongo que esto ya no me sorprende tanto porque ya he visto su casa – Ya verás, es enorme. Además eres un ser de agua fría, por si no te acuerdas.
-Pero…
-¿No te irás a rajar?
-No, pero… tengo la herida de la pierna y soy una sirena.
-Ya me he dado cuenta de esos detalles.
¿Pero a dónde quiere ir a parar? De todas maneras no pensaba meterme al agua. Sería una estupidez por mi parte. Aunque si lo pienso yo sé su secreto, el de toda su familia, y ellos ya saben el mío.
-A propósito… - me dice Nicko sacándome de mis pensamientos – Francisco quiere ver qué tal está la pierna y… hablar sobre tus poderes y tu inmortalidad.
-Mi inmortalidad – repito.
-Jorge tiene envidia se eso.
-Envidia. No sabe lo que es ser como yo. Es una tortura constante.
-Jorge no lo ve así. Tienes belleza, inmortalidad y, lo más importante, tu corazón late impulsando sangre. Además sales a la luz del sol.
-Supongo que ha desechado la torpeza y el no poder salir en público cuando el agua está presente.
-Hablando de tu inmortalidad…
-¿Qué pasa con ese tema? – una repentina curiosidad inunda mi rostro.
-¿Cuántos años tienes? – me pregunta.
-Quince. Bueno, casi dieciséis – contesto automáticamente.
-¿Quieres decir que una sirena nació hace casi dieciséis años en el planeta?
-Si, creo que si.
-Te queda descubrir cómo has nacido. Una sirena no aparece de la nada.
-Volviendo al tema que querías esquivar… ¿Cuántos años tienes tú? – esta vez no se libra de mi pregunta, va a tener que responderme.
-Demasiados para que puedas asimilarlos – me dice secamente.
-Te equivocas. Si puedo con una familia de vampiros que me cura una herida mientras soy una sirena y que cuando me dejan sola un par de horas me dejan al cuidado de dos fantasmas creo que podré con una cifra.
-Puede que tengas razón, pero no te lo voy a decir – y sigue sin dar su brazo a torcer con este tema.
-Solo una pista, por favor – le ruego.
-Vale – por fin – Dejaré que me hagas una única pregunta así que piénsatela bien.
Si, tengo que pensármela bien. Necesito un punto de partida. No puede ser una fecha muy cercana pero tampoco muy alejada. Um…
Ya está. Tengo una pregunta que me dará, más o menos, la desconocida cifra de su edad.
-¿Presenciaste el descubrimiento de América?
-Fui en una de las tres carabelas de Cris.
-¿Quién es Cris? – en cuanto formulo la pregunta me doy cuenta de la respuesta y me entra una gran curiosidad - ¿Conociste a Cristóbal Colón?
-Estaba muy equivocado con sus planes… - murmura Nicko tan bajo que casi no le oigo.
Así que él ha vivido en 1492. Tiene como poco quinientos veinte años. Es como un libro de historia viviente, tengo tantas preguntas… Noto como la curiosidad llena toda mi cabeza sin dejarme pensar en nada más.
-Cuéntame más cosas – le pido expectante.
-¿Como qué?
-Cuéntame si estuviste en la Revolución Francesa.
-No, no estuve en la Revolución Francesa. “Vivía” pero no la presencié con mis propios ojos.
-¿Con qué lo ibas a presenciar sino? ¿Con los ojos del vecino? – digo irónicamente mientras sonrío - ¿Dónde estabas entonces?
-Pues estaba… estaba en un lugar distinto – dijo evitando mi pregunta.
-Eso no contesta a mi pregunta, se un poco más preciso.
-Se podría decir que estaba descubriéndome a mí mismo.
-Vale, supongo que no voy a poder sacarte nada más… aún.
En lo que transcurren cinco minutos hemos cambiado de tema unas cinco veces. Podríamos decidirnos por uno y discutirlo. Y cuando empieza a contarme como vio morir a su familia mientras que el estaba congelado en el mundo me entristezco y el agua de las nubes se solidifica y pesa más haciendo caer pequeñas bolas de hielo.
-Lo siento – se disculpa. Pero no ha sido culpa suya sino mía.
-No te disculpes. No has hecho nada, soy yo la que no sabe controlar sus poderes.
-Pero yo te he hecho entristecer y por lo tanto es culpa mía – pero que cabezón que es. Esto es culpa mía y solo mía y el que diga lo contrario miente.
-Nunca aprenderé a dominarlo.
-Tienes todo el tiempo del mundo para practicar – me recuerda – Te puedo ayudar si quieres.
-¿De verdad me ayudarías? – no me lo creo. A él debió de costarle mucho pero lo ha conseguido y ahora usa sus poderes cuando quiere. Tiene mucha suerte.
-Claro, cuando quieras pásate por mi casa y te ayudo.
-Muchas gracias.
-No hay por qué darlas.
Nuestro camino a casa se separa aquí y se despide diciéndome que tenga cuidado que me cuide. Yo le contesto que vale con pocas ganas.
-Por cierto, ¿me puedo pasar a tu casa a estudiar contigo esta tarde?
-Pásate cuando no haya sol, te estaré esperando. Adiós.
-Hasta esta tarde.
Ahora si que cada uno sigue su camino. Cuando llego a casa mi madre me está esperando, como desde el accidente de la pierna, en el porche para ayudarme a subir las escaleras aunque le siempre le digo que es innecesario.         
No es hasta las seis cuando toca el timbre y yo tengo que bajar a abrir, casi me caigo rodando por las escaleras tres veces. Por fin, después de cinco minutos de espera para Nicko, llego a la puerta y la abro. Le digo que pase y me acompaña a mi habitación por las escaleras. Aún no contento de estar encima de mí todo el día, me levanta del suelo y me sube a la habitación sin dejarme pisar ni un solo escalón.
-No te creas que no he oído como te tropezabas continuamente.
-Esto es innecesario. Puedo andar yo sola – y otra vez entra en acción la frase estrella de la semana.
-No puedes bajar vas a poder subir.
-Eres muy sobre protector, ¿lo sabías?
-Eso me han dicho – dice mofándose de mí.
Mira cada rincón de mi habitación y nos sentamos en las sillas que hay frente a mi escritorio. Le pregunto que qué quiere estudiar y me contesta que le da igual, que era una excusa para estar conmigo. “Y controlarme” pienso. Mi madre nos sube algo para comer y beber pero acabo comiéndomelo todo yo porque el señor vampiro solo bebe sangre. Un poco de sacrificio no le hace ningún mal a nadie.
-¿Se va a quedar a cenar Aithne? – pregunta mi madre.
Miro a Nicko durante un minuto y le contesto que si. Al menos espero que ese asentimiento de cabeza que me ha hecho significara que se queda a cenar.
-¿Voy a acabar comiéndomelo todo yo? – le pregunto una vez que se ha ido mi madre.
-¿Qué esperabas? A mí no me gusta la comida humana, solo bebo sangre animal. Lo siento.
Pongo los ojos en blanco y continuamos con los deberes de literatura a la que he puesto la etiqueta de “aburrido” sobre la tapa del libro. Me gusta leer pero no me gusta la literatura, irónico ¿verdad?
Pronto llega la hora de la cena y nos sentamos en nuestros lugares correspondientes, poniendo al lado mío una silla para que se siente Nicko. Me comenta lo parecidas que somos yo y mi hermana pero que me prefiere a mí, que soy única y yo le contesto que delante de mis padres y mi hermana, que no saben mi secreto, no haga bromas con él.
Mi madre sirve la comida y empezamos todos, menos Nicko, a comer. A cada bocado que doy yo, él, me pone el equivalente del bocado en mi plato dejándolo a él con menos y a mí con más. Tardo un cuarto de hora en comerme el primer plato.
-Venga hija, que te crece.
-Si, si que me crece – contesto lanzando una mirada a Nicko y él encogiéndose de hombros.
-Hoy en honor a nuestro invitado tenemos un postre especial – anuncia mi madre después de haber terminado.
Todo menos eso. El postre especial no, me va a tocar doble ración y una ración sola ya es enorme. Mi madre saca un enorme pastel de chocolate y nata de tres plantas y yo lo miro con más horror que nunca en toda mi vida. Con una mirada que le dice lo que en mi mente no puede escuchar le transmito que como me dé su trozo de tarta lo mato y los vasos de agua de la mesa se evaporan al instante. Espero que lo haya comprendido.
-¿Cuánto quieres Aithne? – me pregunta mi madre.
-No mucho mamá, ponme el trozo más pequeño que puedas o reventaré.









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